viernes, 1 de noviembre de 2013

Floyd está un poco nostálgico. Qué maricón.

Noviembre siempre ha sido mi mes «casero». En casa no hace un especial frío, pero sí el suficiente como para estar tapado con la manta echándote una partidica a algo en la videoconsola o viendo una película protagonizada por el asombroso y polifacético Colin Farrell. Esto cambió en el momento en el que empecé la universidad el curso pasado, pero ha sido ahora cuando me he dado cuenta. La presión de la universidad, el mareo de pedir el convenio al extranjero (que si TOEFL, que si esto, lo otro,...), los trabajos pendientes, lo mosquita muerta que es la de Comunicación (de momento), lo pesados que se hacen los viajes en tren para ir y volver... Ese sentimiento de no estar «ni dentro ni fuera», de deslocalización... 

Supongo que todo tiene que sufrir un cambio, una evolución, y en mi caso ha sido perder esa sensación de calor casero; suprimido por la universidad y sus fechas «boloniescas». Ahora solo es un puente y no me afecta demasiado, pero en Navidad sí que me va a dejar tocado, amigos. Es lo que tiene que los exámenes sean un día después de la Noche de Reyes, pero qué le vamos a hacer...

Donde más noto esta «tradición casera» dentro de mi vida ociosa, por muy tonto que pueda parecer, es en la manera en la que disfruto los videojuegos. Hace un par de años gastaba gran parte de mi tiempo libre (por no decir el noventa por ciento) en mirar vídeos, noticias, reportajes, artículos y demás parafernalia sobre videojuegos; además de jugarlos, claro está. Era lo único que tenía en la cabeza. Incluso, dado que soy bastante joven, seguro que he sido el tocapelotas de algún foro cuando tenía trece o catorce años. Ahora. en cambio, suelo tirar más por el mismo procedimiento que uso para ver películas o series: salvo que sean juegos de salida, los compro cuando han bajado un poco de precio en el momento que me llamen la atención, aunque sea un poquito y no conozca nada sobre el artículo en cuestión (o simplemente haya visto un par de imágenes, un teaser o lo que sea), pero vamos, lo mínimo para jugarlo de manera que las opiniones externas me afecten poco o nada a la experiencia. Esto tiene una gran ventaja, y es que «evalúo» mucho mejor un juego, pero reconozco que la expectación que se tiene antes de que un juego vea la luz es una sensación que puede llegar a ser beneficiosa (siempre y cuando el juego no resulte ser un truñaco). Este año he vivido el hype con «GTA V» y «Beyond: Dos almas». Sin embargo, era un hype totalmente diferente al que acostumbraba; tenía muchas ganas, había visto unos cuantos vídeos y leído algunas noticias, pero ya no era como antes. Si uno de esos juegos se hubiera retrasado, no me hubiera importado demasiado. Esto me recuerda (igual que mi entrada anterior) al «Metal Gear Solid IV» que, debido a una huelga de camioneros que hubo en el ya lejano 2008 se retrasó en España por un par de semanas. Recuerdo claramente que estaba que me subía por las paredes: quería comprar la PS3 y veía el cambio de generación como algo maravilloso, como algo novedoso y casi futurista que me daría enormes momentos.

Ahora «solo» consumo. Como si el reloj fuera hacia atrás, hago mucho menos uso de los portales web y foros que tratan el tema, ¡ni siquiera miro revistas, parece que acabaran de empezar a funcionar los malditos videojuegos! Mi emoción ha caído en picado, coleguitos y coleguitas, siento haber pasado de tener 15 años a tener 30 de una sentada. A lo mejor es que ahora soy más exigente a la hora de jugar un videojuego y soy más objetivo, no sé, y si en algún momento a los guionistas de algún juego se les va la pinza suelto un estufido de desaprobación y una mirada de jaguar hacia la caja, impertérrita y tácita. Estaréis pensando que soy un tonto'l pijo por divagar así sobre una cosa como esta, pero es lo que hay, si has leído hasta aquí, ¡eres cómplice

Es posible que tan solo sea que el tiempo se me empieza a escapar de las manos y los videojuegos actúan como nexo; esta última generación de videojuegos la he vivido, gracias a internet, de otra forma y ha traído detrás tantos cambios en mi vida personal que mi subconsciente no asimila e intenta parar el tiempo. Ojalá pudiera volver a esos viernes que gastaba yendo al videoclub para sacar un juego, correr a casa, copiarlo, y dar marcha atrás hacia el videoclub para decirle a la dependienta que el juego estaba estropeado y que quería coger otro... Y todo esto en 4 o 5 videoclubs distintos. ¡Menudo pedigüeño estaba hecho!

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