sábado, 30 de noviembre de 2013

La capacidad lingüística de España MOLA CANTIDUBI

Hacía tiempo que no escribía nada aquí; más que nada porque no se me ocurría el qué, pero tranquilos, que hoy sí que tengo material.

Ayer vi un libro bastante interesante, titulado: «Iniciación al euskera». Se trata de un método para aprender de forma autodidacta nociones básicas de vasco a través de unos procedimientos bastante distintos de los que podemos encontrar en las gramáticas de lenguas, los libros usados en las escuelas de idiomas, etcétera. Esto es, asimilando primero la lengua a modo de «espectador» y al cabo de cierto tiempo empezar a utilizarla de forma activa.

A lo que voy es a que me costó mucho (relativamente) encontrar libros sobre la lengua vasca, más allá de diccionarios. No es que me pateara toda Madrid, pero para que os hagáis una idea, librerías como La casa del libro, que son de bastante relevancia, no tenían más que un ejemplar de este libro en toda la ciudad. En El Corte Inglés más de lo mismo, un paquete con discos de audio a un precio bastante elevado; en la Fnac no tenían absolutamente nada y no voy a hablar sobre las librerías que no pertenecen a cadenas o que son más tradicionales por motivos obvios.

Si alejamos esta lengua, el catalán, el gallego y demás del contexto político, tendréis que reconocer que no dejan de ser lenguas españolas por el simple motivo de que se hablan en el territorio español. Entonces, ¿por qué pueden llegar a ser tan poco accesibles? Y sin contar el odio que estas lenguas pueden llegar a suscitar entre una gran porción de gente en este país.

En los colegios e institutos de toda España deberían cursarse todas estas lenguas, aunque fuera de manera opcional, si me apuráis. Nuestra potencia lingüística es enorme, además de contar con el caso del euskera, que es una lengua aislada y que supone un extra de riqueza grandísimo. Además, lenguas como el catalán no supondrían ningún esfuerzo para cualquier niño (incluso adulto) que hable castellano. Yo no sé catalán, pero es un hecho que si me hablan de una forma más o menos neutra y no muy rápido, algunas cosas las puedo entender, y como yo todos los castelllanohablantes. Quizá mucha gente argumente en contra alegando que no son lenguas pragmáticas, que es mejor incluir un mayor abanico de idiomas extranjeros... Yo creo que eso es una estupidez dentro del contexto español. Vale que no «necesitemos» estas lenguas, sí o sí, para comunicarnos con la gran mayoría de españoles, pero hablar más de una lengua no es simplemente saber decir las cosas de distintas maneras (que ya es mucho), sino que aporta visión, entendimiento y facilidades culturales a la persona que los hable; una persona que comprenda tres o cuatro lenguas desde que es joven, tendrá muchísimas más facilidades a la hora de desenvolverse en una gran variedad de ámbitos, sin mencionar que sería más apto para los ambientes multiculturales y multilingües. Además, España no está preparada en estos momentos para introducir más lenguas en la educación pública o, si lo hiciera, lo haría de qué manera. No hay más que echar un vistazo a lo BIEN integrado y a los FANTÁSTICAMENTE preparados que salen los niños del instituto. Vamos, que TODOS hablan con un acento de Manchester que ni con bombín y monóculo, oiga.

También es cierto que muchos docentes en determinados centros educativos desprestigian en la medida de lo posible estas lenguas o no hablan  de ellas a los niños lo suficiente (nada), que es incluso peor, porque estos no reciben ni un ápice de información más que el que ven por la tele y acabarán por asociar estos idiomas a cosas malas. Sin ir más lejos, estoy haciendo memoria y no recuerdo que me explicaran mucho sobre las distintas lenguas que se hablan en España, siempre se enlazaba todo con la independencia o con los «eso no vale pa' ná». Por poner otro ejemplo: el euskera tiene fama de ser difícil; que podrá ser verdad o no, pero los niños pueden aprender cualquier lengua si se les enseña desde jovencitos, o sea que no importa nada lo difícil que sea, ¿no creéis? Más aún: ¿Cuánta gente considera al catalán o al gallego dialectos del español? Muchísima. Demasiada (y sin aportar argumento alguno).

Si soy algo positivo, pensaré que todo esto es debido a la comprensión parcial que se tiene de ellas y a la escasa atención que se les presta en los colegios. Si soy negativo, no puedo continuar sin aislar todo esto de la política, así que lo voy a dejar.

Para la próxima entrada comentaré los rasgos principales del idioma japonés, así que estad atentos, MALDITOS FRIKIS DEL COPÓN.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Cinco sitios MAZO DE GUAPOS que ver en Madrid

He estado muy liado, así que no he escrito nada por aquí desde hace un tiempecito, así que me he animado a recomendaros cinco sitios que me encantan de la capital de España, a pesar de que ahora esté «empantaná» y muy sucia. 

PLAZA DEL DOS DE MAYO


Aunque no parezca un sitio muy especial, lo cierto es que a mí me gusta bastante; el ambiente que ahí se respira en una tarde de primavera tiene un no sé qué que qué se yo. Además, a veces se montan puestos de antigüedades, casetes, vinilos, etcétera y en una esquina de la plaza hay una tienda de libros usados muy interesante y con precios nada prohibitivos; a veces encuentras libros bastante raros. Y para los más «echaos pa' lante», hay muchas terrazas, por si queréis invitar a unas fantas a las jóvenes damas que pasen por la zona a plena luz del día.



MUSEO SOROLLA


Este BENDITO museo no tiene nada que envidiar a otros más grandes como el Thyssen, que es una mierda. Las obras se exponen en lo que durante unos años fue la propia residencia de Joaquín Sorolla, un ATÓMICO del pincel y se convirtió en museo una vez fallecido por empeño de su viuda, Clotilde, si bien esta transformación no se llevaría a cabo hasta años después de que esta muriera. Los sábados y los domingos se puede entrar gratis y si van entre semana, tampoco os supondrá demasiado gastar entre un euro y medio y tres euros, según su edad, si van en grupo, etcétera.


 
Es un museo que contiene obras de considerable importancia y calidad y además está situado en un lugar casi idílico.



CALLAO


Quizá sea un sitio muy típico (aunque los que ya he recomendado no es que sean precisamente desconocidos) y que no alberga nada en especial, pero es, sin lugar a dudas, mi lugar favorito para pasear un rato si lo que me apetece es ver el bullicio de Madrid. Desde Callao puedes recorrerte toda la Gran Vía, donde hay montones de bares, teatros, cines y edificios que a los de pueblo os quitará el hipo después de haber bebido mal a gallete del botijo, claro está. Así me ahorro recomendaros la Puerta del Sol, para que veáis cómo piloto de la cocorota, muchachos. Eso sí, en Navidad está demasiado masificado, incluso si te gusta el ajetreo.

TUMBA DE GOYA



Vale, la ermita de San Antonio de la Florida no es un lugar que te deje impactado, ni por dentro ni por fuera. No obstante, Si sigues el camino más allá de la estación de Príncipe Pío, tendréis (o al menos yo la tengo) la sensación de que ya no estás en Madrid. Es una zona muy bonita y cuidada a unos metros del río Manzanares y en esta ermita de la imagen es donde se encuentra enterrado Francisco de Goya y Lucientes junto a unos frescos realizados por él mismo. De hecho, hay una estatua suya al otro lado de la calle, frente al edificio.


Lo mejor de todo es que el lugar está muy parado y podréis disfrutar tranquilamente, aunque id con cuidado de que no os vea el guardia de seguridad porque no se pueden hacer fotos (pero hacedlas, hacedlas). No deja de ser curioso que la tumba de alguien con tanto renombre esté tan abandonada, ¿eh? 

MERCADO DE SAN MIGUEL

¿Eres pobre y tienes hambre? ¡No te preocupes, para eso se inventó el Mercado de San Miguel, donde encontrarás cosas muy ricas y ostentosas a precio de oro!


Lo cierto es que siempre está atestado de turistas con ansias de españolismo culinario, pero si alguna vez queréis comer cosas variadas y que estén buenas, debéis ir a este mercado. Yo, personalmente, siempre he optado por entrar y salir con las manos vacías, pero igualmente, es una visita agradable, porque me aleja un poco de las cadenas de restauración. Y todo a escasos 50 metros de la Plaza Mayor, donde podréis tomaros un lo que sea rodeado de indigentes y ahora también de basura.

Por supuesto, hay muchísimos sitios que ver en Madrid, pero me apetecía nombrar cinco y estos han sido los agraciados. No dejéis de decir cuáles son los sitios que os gustan a vosotros, que seguro que podemos hablar largo y tendido de los contrastes de Montera, ¿eh?

sábado, 9 de noviembre de 2013

La magia de las bandas sonoras.

¿Quién de vosotros no ha disfrutado la melodía de alguna película, serie o videojuego? Seguro que todos, ¿verdad? Siempre me ha llamado la atención que haya tantas personas que vinculan el sentimiento que equis obra les transmite en relación a la música que en ellas aparece. De hecho, parece que si una canción nos gusta ya de por sí, si la asociamos a, por ejemplo, una película que nos guste mucho, pues la canción va a pasar a gustarnos más aún, además de que la asociaremos a la temática de la película de manera casi inmediata. 

Me gustaría dejar por aquí alguna que otra banda sonora por la que profese especial simpatía, a ver qué os parece. Advierto que puede que haya spoilers, así que leed bajo vuestra propia responsabilidad. Si hablamos de videojuegos, una de las sagas que primero se me vienen a la cabeza es sin duda la de «Metal Gear Solid» por cosas como esta:


Cualquiera que haya jugado alguna vez a la primera entrega la estará asociando, conforme escucha, con la hermosa Sniper Wolf yéndose al otro barrio, ¿o no? Y es que va directica al corazón, amigos. 

Otra pieza que me gusta mucho es esta:


Simple y breve, pero desde luego, a mí me emociona muchísimo cada vez que la escucho. ¿¡Quién no se emociona al pensar en el discurso que Big Boss le suelta al jovenzuelo de su hijo probeta en un cementerio en la puesta de sol?!

Ahora voy a pasar a una película: «Blade Runner».


Ese maldito saxofón... Esa atmósfera a medio camino entre lo decadente y lo sensual. ¡Ese condenado Evángelos Odiseas Papathanassiou, más conocido como Vangelis! Guardo especial cariño a la banda sonora de esta película (y a la película también, claro) porque la escuchaba mientras preparaba los exámenes de Selectividad y, desde entonces, es la banda sonora de mis exámenes.


Solo necesitaba esta excusa para meter por algún sitio esta famosa escena, pero es que, en serio, adoro esto. Y vosotros también deberíais.

Es el turno de «Kill Bill», una de mis películas favoritas y con un elenco de canciones que resulta tan estrambótico como acertado, pero ya sabéis como es el jodido Tarantino.


Por si una yanqui embutida en un mono amarillo batiéndose en duelo contra una chino-americana que va de japonesa por la vida en el jardín de un hotel con un frío del copón fuera poco, te meten esta canción. Sencillamente genial. 


Pero George Zamfir, ¿qué diantres haces tocando esa cochambrosa flauta de pan que a todos nos gusta tanto en medio de una escena de japoneses y catanas siendo más rumano que vete tú a saber qué?

Volvamos con los jueguicos. Ay, los jueguicos, los jueguicos. ¡Buenas tardes, Link! ¿Por qué sus juegos cuentan con unas musquillas que le hacen a uno pensarse que es un condenado héroe de la farándula?


¡Todos a picarle en el culo a un dragón que está de mal humor, corred!


Pero, ojito, que también hay hueco para la decadencia y la depresión en «The Legend of Zelda». Mirad cómo ese bichejo de medio metro que se hace llamar Midna os saca la cera de los oídos.

Si Link, Zelda o Tingle no os convencen, siempre podemos acudir a algo más rudo. Vamos, que nos metemos de lleno en la Segunda Guerra Mundial, zagales.


Escucho esto y me da una nostalgia que pa' qué, pero ya hablé de eso hace poco, y no es plan de ponerme en el Maricón Mode otra vez.

Ya, para ir dejando esta entrada (que tampoco voy a poner aquí todas las bandas sonoras que me gustan), creo que conveien mostraros una cancionceja del que considero mi juego favorito. Bueno, qué demonios, ¡os voy a poner la introducción, que mola más! Mirad, mirad: 


Estos han sido los créditos de apertura del genial «Broken Sword: La leyenda de los Templarios». Por supuesto, hay muchísimas bandas sonoras que se me quedan en el tintero, así que os animo a que comentéis con algunas de las que os gusten. ¡Nos leemos!

martes, 5 de noviembre de 2013

JIN-仁-. Acho, tenéis que ver esta serie

Quiero recomendaros una serie de televisión japonesa; sí, sí, japonesa. Ya sé que los japoneses suelen sobreactuar muchísimo y, de hecho, no me suelen gustar las series o películas que van enfocadas a un público japonés, pero hace ya un tiempo que descubrí una serie que me pareció bastante buena y quisiera compartirla. 

El título original de la serie (o dorama, como prefiráis) es «JIN-仁-», aunque es de sobra conocida como «Jin» y cuenta la historia de Jin Minakata, un neurocirujano que se encuentra en una situación algo difícil, ya que su prometida entró en un estado de vegetativo a raíz de una operación que él mismo realizó, de la que cuenta con pocas probabilidades de recuperarse. Un día nota fuertes dolores en la cabeza y se desmaya. Al despertar, aparece en el Japón feudal; concretamente en el período Edo donde, mientras que intenta volver a su época, se hace hueco en el mundo de la medicina de la época.

   

Aquí tenéis los créditos de apertura

La primera temporada de las dos que se compone la serie está formada por once episodios y está protagonizada por Takao Osawa. Sin embargo, el principal interés de esta serie es su despliegue de medios (algo que, al igual que con la televisión española, pasa con poca frecuencia en las series japonesas); la recreación de la ciudad de Edo es bastante fiel, así como las vestimentas, el uso del lenguaje, higiente, etcétera del que hacen uso los personajes se acerca bastante a lo que podría haber sido en esos tiempos. Además, creo que aglutina cierto valor educativo en términos históricos en cuanto al país del sol naciente se refiere. Yo no sé mucho de historia de Japón, pero para los que sí que sepan, a lo largo de la serie aparecen algunos personajes como Ryōma Sakamoto o Kōan Ogata que supusieron papeles decisivos y de suma importancia para el desarrollo de la época del país en cuestión.


No hay que olvidar de que el apartado musical es bastante bueno

Como decía al principio, los japoneses suelen actuar de una forma que a nosotros, los occidentales, nos rechinar un poco por la enorme sobreactuación de la que estos granujillas de color ¿amarillo? pueden llegar a hacer gala. No obstante, la serie representa a los japoneses, y no a nosotros, por lo que esperéis, en consecuencia, que su forma de actuar se ajuste, más o menos, a su realidad: reacciones algo exageradas, todo les entusiasma enormemente, dan una desmesurada importancia a algunos detalles que para nosotros pasarían inadvertidos, utilización recurrente de primeros planos de miradas poco naturales y uso de la cámara lenta en asociación a la «belleza femenina» o a la «heroicidad masculina» (esto aplicado a la grabación, claro), gestos ortopédicos y falsos, etcétera. Aunque, insisto, según he podido ver, los japoneses actúan de una manera bastante similar en la vida real y en esta serie no ocurre como en otras, donde aún se exagera muchísimo más esta percepción que ellos tienen de la realidad.

Vamos, que la veáis si tenéis interés en la historia de Japón o en la medicina (en esto último ya no sé si es tan fiel a la realidad porque no sé nada de medicina). Para que os hagáis una idea, esta producción puede suponer para Japón lo mismo, o parecido, que la serie «Isabel» en España. También es cierto que esta última incluye mucho relleno de corte sexual e incogruencias históricas; algo que no veréis en Jin, ya os lo digo yo. O al menos, no de manera tan pronunciada.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Floyd está un poco nostálgico. Qué maricón.

Noviembre siempre ha sido mi mes «casero». En casa no hace un especial frío, pero sí el suficiente como para estar tapado con la manta echándote una partidica a algo en la videoconsola o viendo una película protagonizada por el asombroso y polifacético Colin Farrell. Esto cambió en el momento en el que empecé la universidad el curso pasado, pero ha sido ahora cuando me he dado cuenta. La presión de la universidad, el mareo de pedir el convenio al extranjero (que si TOEFL, que si esto, lo otro,...), los trabajos pendientes, lo mosquita muerta que es la de Comunicación (de momento), lo pesados que se hacen los viajes en tren para ir y volver... Ese sentimiento de no estar «ni dentro ni fuera», de deslocalización... 

Supongo que todo tiene que sufrir un cambio, una evolución, y en mi caso ha sido perder esa sensación de calor casero; suprimido por la universidad y sus fechas «boloniescas». Ahora solo es un puente y no me afecta demasiado, pero en Navidad sí que me va a dejar tocado, amigos. Es lo que tiene que los exámenes sean un día después de la Noche de Reyes, pero qué le vamos a hacer...

Donde más noto esta «tradición casera» dentro de mi vida ociosa, por muy tonto que pueda parecer, es en la manera en la que disfruto los videojuegos. Hace un par de años gastaba gran parte de mi tiempo libre (por no decir el noventa por ciento) en mirar vídeos, noticias, reportajes, artículos y demás parafernalia sobre videojuegos; además de jugarlos, claro está. Era lo único que tenía en la cabeza. Incluso, dado que soy bastante joven, seguro que he sido el tocapelotas de algún foro cuando tenía trece o catorce años. Ahora. en cambio, suelo tirar más por el mismo procedimiento que uso para ver películas o series: salvo que sean juegos de salida, los compro cuando han bajado un poco de precio en el momento que me llamen la atención, aunque sea un poquito y no conozca nada sobre el artículo en cuestión (o simplemente haya visto un par de imágenes, un teaser o lo que sea), pero vamos, lo mínimo para jugarlo de manera que las opiniones externas me afecten poco o nada a la experiencia. Esto tiene una gran ventaja, y es que «evalúo» mucho mejor un juego, pero reconozco que la expectación que se tiene antes de que un juego vea la luz es una sensación que puede llegar a ser beneficiosa (siempre y cuando el juego no resulte ser un truñaco). Este año he vivido el hype con «GTA V» y «Beyond: Dos almas». Sin embargo, era un hype totalmente diferente al que acostumbraba; tenía muchas ganas, había visto unos cuantos vídeos y leído algunas noticias, pero ya no era como antes. Si uno de esos juegos se hubiera retrasado, no me hubiera importado demasiado. Esto me recuerda (igual que mi entrada anterior) al «Metal Gear Solid IV» que, debido a una huelga de camioneros que hubo en el ya lejano 2008 se retrasó en España por un par de semanas. Recuerdo claramente que estaba que me subía por las paredes: quería comprar la PS3 y veía el cambio de generación como algo maravilloso, como algo novedoso y casi futurista que me daría enormes momentos.

Ahora «solo» consumo. Como si el reloj fuera hacia atrás, hago mucho menos uso de los portales web y foros que tratan el tema, ¡ni siquiera miro revistas, parece que acabaran de empezar a funcionar los malditos videojuegos! Mi emoción ha caído en picado, coleguitos y coleguitas, siento haber pasado de tener 15 años a tener 30 de una sentada. A lo mejor es que ahora soy más exigente a la hora de jugar un videojuego y soy más objetivo, no sé, y si en algún momento a los guionistas de algún juego se les va la pinza suelto un estufido de desaprobación y una mirada de jaguar hacia la caja, impertérrita y tácita. Estaréis pensando que soy un tonto'l pijo por divagar así sobre una cosa como esta, pero es lo que hay, si has leído hasta aquí, ¡eres cómplice

Es posible que tan solo sea que el tiempo se me empieza a escapar de las manos y los videojuegos actúan como nexo; esta última generación de videojuegos la he vivido, gracias a internet, de otra forma y ha traído detrás tantos cambios en mi vida personal que mi subconsciente no asimila e intenta parar el tiempo. Ojalá pudiera volver a esos viernes que gastaba yendo al videoclub para sacar un juego, correr a casa, copiarlo, y dar marcha atrás hacia el videoclub para decirle a la dependienta que el juego estaba estropeado y que quería coger otro... Y todo esto en 4 o 5 videoclubs distintos. ¡Menudo pedigüeño estaba hecho!