sábado, 26 de octubre de 2013

Floyd el Tecnozombi

Cada vez queda menos para que empiece un nuevo año; concretamente el dosmilésimo catorceavo. Vamos, el 2014, para los amigos. Pensar en ello ha hecho que me acuerde del Metal Gear Solid IV, cuyos hechos se desarrollan en un ficticio 2014. Bueno, ficticio, sí, pero no tanto como cabe esperar…

Sin duda, nos encontramos en una época plagada de «tecnozombis», cada uno a su manera, pero quién más y quién menos es algo «tecnozombi» (por supuesto, hay excepciones). Los más habituales son esas personas, aunque normalmente lo veo más en chicas, que siempre van con el móvil en la mano, allá por donde pasen, leyendo mensajes, dando retuit a iFilosofia, mandando invitaciones al Candy Crush Saga, jugando al Triviados o lo que sea. No importa si están caminando, en clase, en el metro o cara a cara con algún amigo: siempre están con el «tiquitiqui», que dirían en la tercera edad. He de decir que quizás alguna vez me he comportado así, y no sabría muy bien decir por qué, pero me atrevería a decir que hay varios factores que lo propiciaron: esa sensación que te da cuando, si ves a alguien con el móvil, de ir al bolsillo del pantalón a por el tuyo; los, tanto queridos como odiados, grupos de WhatsApp, más que nada porque cuando llevo el teléfono en vibración me altera saber que me están hablando y no estoy contestando. Luego me decepciono cuando llego y veo montones de «jajajjaja xd», por supuesto; Madrid… Soy un provinciano y, quieras o no, me vas a tener andando por la calle mirando al cielo siempre y, claro, mi módulo de vergüencica debe de haber ideado la sagaz estratagema de que, si miro el móvil mientras ando, como casi todos los demás, nadie se percatará de mi calidad de infraser. En realidad por la calle lo he mirado contadas ocasiones, es en el metro donde sí que lo miro con mucha frecuencia.

No obstante, en lo que quiero centrarme es en el hecho de que las nuevas redes sociales y esa manía de tenerlo todo conectado se ha ido comiendo mi tiempo para otras cosas relacionadas a la tecnología (qué irónico), para mi vergüenza. Reconozco que a veces paso demasiado tiempo con el Twitter enchufado (de hecho, siempre que tengo el PC encendido lo tengo puesto). Al principio odiaba esa maldita red y de un día para otro, como aquel que dice, me empezó a gustar mucho, aunque no sé muy bien por qué. Ahora me está empezando a dar asquito de nuevo, y más fuerte que nunca. Todas las redes sociales me han causado cierto rechazo al principio, pero es un hecho que estoy registrado en montones de ellas… Tuenti, Facebook, DeviantArt, Mixi, Ameba, Raptr, etcétera. No obstante, nunca estuve cómodo con Tuenti. De hecho, diría que una de las peores cosas que hice en su momento fue hacerme una cuenta.


Lo que os decía: Snake se nos ha vendido. ¡Fascista!

Tuve la suerte y desgracia de tener teléfono móvil desde bastante joven, aunque nunca fue un objeto al que le tuviera especial apego; lo utilizaba para que mis padres me llamaran y poco más (de hecho, obviando el WhatsApp, el Twitter y el reproductor de música, básicamente la función del teléfono que hago no ha variado). Confieso que todo esto ha hecho que, de alguna forma, me haya olvidado de cómo era todo esto antes de Tuenti. Soy del noventa y cuatro, tampoco me pidáis que me remonte muy atrás…

Ahora, puedo estar jugando a un videojuego tranquilamente 4 horas, pero desde luego, raro sería que lo estuviera haciendo de forma ininterrumpida sin hablar con nadie por el chat del féisbuk o sin mirar el TimeLine… Me siento sucio, amigos, ¡sucio! ¡Esto antes no me pasaba! Vamos, seguramente tenga que ver con mis «manías comunicativas»; recuerdo que, cuando todo aquello del Metroflog, veía las famosas «acts» de mis compañeros de acné. Cosas que vosotros no creeríais, garrulos con filtros rosas en las fotos más allá de las 10 de la noche. He visto imágenes de hojas de marihuana acompañando canciones de Ska-P cerca de segundo de la ESO. Todos esos momentos, se perderán en el tiempo como los aros de una choni en su joyero… No obstante, a mí todas estas patuleas solían darme mucha envidia, la verdad. Ya sabéis, no ser un niño popular y todo eso, pero tampoco viene mucho al caso.

¿Cómo han conseguido, entonces, que yo, un buen «outsider» de la vida tenga que estar manifestándome en internet cada dos por tres mientras esté en casa? Es cierto que fuera de casa no tengo ningún problema en pasar olímpicamente del móvil, del Twitter o de lo que sea (aunque os haya dicho que alguna vez haya sucumbido, pero normalmente ha sido en el metro, todo sea dicho). ¿Me estaré volviendo un ser retrógrado? ¿Es la canela un mal menor o un manjar? ¿Por qué os hablo de esto como si os importara? ¿Por qué no nací cinco añitos antes?

Seguiré «investigando», chumachos. Por lo pronto habréis notado (los que seáis seguidores veteranos) que tuiteo muchísimo menos que antes, ¿verdad? ¿¡Verdad?! No deja de ser irónico que desde que salgo prácticamente todos los días, aunque sea a darme un paseo, es cuando más dentro de estas mierdas estoy. Igualmente, no me considero, PARA NADA, un tecnozombi, pero ni por asomo, vamos, cuando hablo con alguien, dudo mucho que esté más pendiente del teléfono, por ejemplificarlo con lo más común.

Saludines.

3 comentarios:

  1. Un saludo, Floyd.

    Sé como te sientes. De el principal uso que le doy a los datos de mi móvil es cuando tengo que coger el bus para ir o venir de clase, porque se me hace eterno y no debo dormirme.

    Cientos, miles, casi millones de personas me cruzo de clase a la estación y viceversa andando mientras miran sus pequeñas pantallas, sin prestar atención a nada más y aún así, increíblemente, esquivando todo obstáculo. Yo en particular no suelo sacarme el teléfono mientras voy andando más que para mirar la hora o pasar la canción que ando escuchando (Música, imprescindible en el móvil) y me parece increíble como la gente puede andar sin ninguna preocupación mirando el teléfono.

    Por otro lado, lamento mucho haberte inducido a ingresar en alguna de las redes anteriormente mencionadas, aunque entre todas nos hayan de uno u otro modo en contacto.

    Y ya.

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    1. Pues si eso pasa en Murcia, imagínate aquí en la capital. Para mear y no echar gota. Lo peor, como digo, es que resulta contagioso en muchos casos.
      Eso sí, no recuerdo ahora de ningún momento que me hayas inducido a entrar en alguna de esas redes. ¡Refréscame la memoria!

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  2. Muy de acuerdo con todo y BRAVO por la referencia a Blade Runner.

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