sábado, 26 de octubre de 2013

Floyd el Tecnozombi

Cada vez queda menos para que empiece un nuevo año; concretamente el dosmilésimo catorceavo. Vamos, el 2014, para los amigos. Pensar en ello ha hecho que me acuerde del Metal Gear Solid IV, cuyos hechos se desarrollan en un ficticio 2014. Bueno, ficticio, sí, pero no tanto como cabe esperar…

Sin duda, nos encontramos en una época plagada de «tecnozombis», cada uno a su manera, pero quién más y quién menos es algo «tecnozombi» (por supuesto, hay excepciones). Los más habituales son esas personas, aunque normalmente lo veo más en chicas, que siempre van con el móvil en la mano, allá por donde pasen, leyendo mensajes, dando retuit a iFilosofia, mandando invitaciones al Candy Crush Saga, jugando al Triviados o lo que sea. No importa si están caminando, en clase, en el metro o cara a cara con algún amigo: siempre están con el «tiquitiqui», que dirían en la tercera edad. He de decir que quizás alguna vez me he comportado así, y no sabría muy bien decir por qué, pero me atrevería a decir que hay varios factores que lo propiciaron: esa sensación que te da cuando, si ves a alguien con el móvil, de ir al bolsillo del pantalón a por el tuyo; los, tanto queridos como odiados, grupos de WhatsApp, más que nada porque cuando llevo el teléfono en vibración me altera saber que me están hablando y no estoy contestando. Luego me decepciono cuando llego y veo montones de «jajajjaja xd», por supuesto; Madrid… Soy un provinciano y, quieras o no, me vas a tener andando por la calle mirando al cielo siempre y, claro, mi módulo de vergüencica debe de haber ideado la sagaz estratagema de que, si miro el móvil mientras ando, como casi todos los demás, nadie se percatará de mi calidad de infraser. En realidad por la calle lo he mirado contadas ocasiones, es en el metro donde sí que lo miro con mucha frecuencia.

No obstante, en lo que quiero centrarme es en el hecho de que las nuevas redes sociales y esa manía de tenerlo todo conectado se ha ido comiendo mi tiempo para otras cosas relacionadas a la tecnología (qué irónico), para mi vergüenza. Reconozco que a veces paso demasiado tiempo con el Twitter enchufado (de hecho, siempre que tengo el PC encendido lo tengo puesto). Al principio odiaba esa maldita red y de un día para otro, como aquel que dice, me empezó a gustar mucho, aunque no sé muy bien por qué. Ahora me está empezando a dar asquito de nuevo, y más fuerte que nunca. Todas las redes sociales me han causado cierto rechazo al principio, pero es un hecho que estoy registrado en montones de ellas… Tuenti, Facebook, DeviantArt, Mixi, Ameba, Raptr, etcétera. No obstante, nunca estuve cómodo con Tuenti. De hecho, diría que una de las peores cosas que hice en su momento fue hacerme una cuenta.


Lo que os decía: Snake se nos ha vendido. ¡Fascista!

Tuve la suerte y desgracia de tener teléfono móvil desde bastante joven, aunque nunca fue un objeto al que le tuviera especial apego; lo utilizaba para que mis padres me llamaran y poco más (de hecho, obviando el WhatsApp, el Twitter y el reproductor de música, básicamente la función del teléfono que hago no ha variado). Confieso que todo esto ha hecho que, de alguna forma, me haya olvidado de cómo era todo esto antes de Tuenti. Soy del noventa y cuatro, tampoco me pidáis que me remonte muy atrás…

Ahora, puedo estar jugando a un videojuego tranquilamente 4 horas, pero desde luego, raro sería que lo estuviera haciendo de forma ininterrumpida sin hablar con nadie por el chat del féisbuk o sin mirar el TimeLine… Me siento sucio, amigos, ¡sucio! ¡Esto antes no me pasaba! Vamos, seguramente tenga que ver con mis «manías comunicativas»; recuerdo que, cuando todo aquello del Metroflog, veía las famosas «acts» de mis compañeros de acné. Cosas que vosotros no creeríais, garrulos con filtros rosas en las fotos más allá de las 10 de la noche. He visto imágenes de hojas de marihuana acompañando canciones de Ska-P cerca de segundo de la ESO. Todos esos momentos, se perderán en el tiempo como los aros de una choni en su joyero… No obstante, a mí todas estas patuleas solían darme mucha envidia, la verdad. Ya sabéis, no ser un niño popular y todo eso, pero tampoco viene mucho al caso.

¿Cómo han conseguido, entonces, que yo, un buen «outsider» de la vida tenga que estar manifestándome en internet cada dos por tres mientras esté en casa? Es cierto que fuera de casa no tengo ningún problema en pasar olímpicamente del móvil, del Twitter o de lo que sea (aunque os haya dicho que alguna vez haya sucumbido, pero normalmente ha sido en el metro, todo sea dicho). ¿Me estaré volviendo un ser retrógrado? ¿Es la canela un mal menor o un manjar? ¿Por qué os hablo de esto como si os importara? ¿Por qué no nací cinco añitos antes?

Seguiré «investigando», chumachos. Por lo pronto habréis notado (los que seáis seguidores veteranos) que tuiteo muchísimo menos que antes, ¿verdad? ¿¡Verdad?! No deja de ser irónico que desde que salgo prácticamente todos los días, aunque sea a darme un paseo, es cuando más dentro de estas mierdas estoy. Igualmente, no me considero, PARA NADA, un tecnozombi, pero ni por asomo, vamos, cuando hablo con alguien, dudo mucho que esté más pendiente del teléfono, por ejemplificarlo con lo más común.

Saludines.

jueves, 24 de octubre de 2013

Percepción

Hoy es un día algo especial; para que la jornada de huelga sea más amena, tanto si salís a la calle como si no, os dejo este poema que escribí hará cosa de un mes. Así descanso un poco de las entradas de crítica o anécdotas, que ya toca.

Ayer me senté a contemplar la prematura alborada;
mientras el pájaro batía sus alas,
yo me fijaba en un huevo resquebrajado.
¡Devuélvanme mi tiempo!
Hoy me he arrepentido de una noche que aún no he visto brillar;
he roto el fin sin haber tenido tiempo de justificar el medio,
mas nunca cambia el origen, es estático;
no como esa estrella, que algún día dejó de brillar.
¿Qué hora es?
Mañana despertaré detrás de mi sombra
en un lecho de hojas mustias,
ocres enrarecidos por un reloj que no funciona.
Debí mezclar el presente con el pasado, 
no cambiar el color a ríos de burbujas.
Debí dibujar un futuro incierto,
no un rostro de esmeralda.
Me dijeron que no jugara con la comida,
pero nadie me enseñó a no jugar con el tiempo.

Espero que os guste y que paséis una buena tarde. Por si no habéis leído la entrada que más éxito ha tenido, a pesar de no tener comentarios, aquí podéis hacerlo.

martes, 22 de octubre de 2013

El ateísmo está de moda, compadres

Gracias a internet y a las redes sociales, desde hace un año para acá, más o menos, tengo la ¿horrible? sensación de que mucha más gente profesa su supuesto ateísmo de forma abierta, aunque en numerosas ocasiones sea solo por «fardar».

No os penséis que yo soy un devoto cristiano (o de cualquier religión), de hecho, me considero agnóstico. Lo que sí que es cierto que me causa cierto rechazo son las personas que se sientan orgullosas y, especialmente, superiores por el mero hecho de no creer en Dios. Aún más los que creen que solo están el cristianismo, el islam y el judaísmo (y tiro por lo alto). Está bien bromear con Dios, con Alá, con la Virgen o con lo que se quiera; los límites del humor son totalmente subjetivos, y cada uno se limita donde quiere, pero, como ya digo, creo que no es de recibo mirar a todos los creyentes por encima del hombro o al menos en los casos normales, claro, a los que sí que hay que escupir a la cara son a los panfletistas, a los que quieren imponerte su creencia a base de fuerza o que sienten «pena» porque tú no crees en la fe verdadera (esta varía según el creyente, pa’ que veáis). Como no creyente, a mí también me suenan ridículas ciertas manera de entender la fe, pero eso no quita que no entienda que para algunos suponga una gran base de principios y moralidad.

¡Anda, pero si es Concha Velasco!

Es más, las religiones son algo muy interesante, especialmente las que no son religiones en sí, sino que chocan con la filosofía de una manera mucho mayor, pero ese es otro tema. Es por ello que si estoy en una iglesia, intento guardar el respeto que proceda, acorde con la fe que allí se profesa, y lo mismo si estoy en un templo, en una mezquita, etcétera.

Me gustaría que la gente no se tomara el ateísmo como una moda y que se respete al credo ajeno (sin olvidar el humor), que es lo que veo mucho últimamente entre la muchachada de quince o dieciséis años.

domingo, 20 de octubre de 2013

POR FAVOR, CHICXS, HABLAD BIEN

Es el día perfecto para hablar, en clave de humor, de algo que me toca mucho las narices: el «lenguaje igualitario». Por supuesto, lo entrecomillo porque en la mayoría de los casos me parece una estupidez digna de Rappel (http://www.tarotrappel.es/). 

Ayer fue sábado, así que es posible que salieras de FARRA con los amigotes a beber como un pordiosero a ver si caía alguna chorba en tus fauces de chacal. Quizá notaste que ya no es tan fácil como antes gracias a un gran invento de centro comercial que se ha vendido mucho durante el último año: la Feminitrónix del Stick 2000. 

Ya sabes a qué me refiero; el otro día intentaste ser agradable y mandaste un correo electrónico a un grupo de amigos y amigas para ver qué tal andaban, pero lo empezaste con un TORPE «Hola a todos». ¡Por el amor de dios, se dice «todxs»! ¡El español nunca ha tenido un plural neutro, por lo que es obvio que si utilizas la letra o para construir un plural estás ayudando a que esta sociedad falocrática y machirula se consolide en pro de un heteropatriarcado opresor! 

Además, en ese correo comentabas lo gracioso que te había parecido el anuncio que ha sacado hace poco la RAE y aprovechaste que el niño que salía era pelirrojo para comentar lo poco que te gustan los vídeos de JPelirrojo. ¡¿Me estás diciendo que te parece gracioso que sea una mujer, ama de casa, la que riña a su hijo, un PELIRROJO, como si de una paleta se tratara, y todo ello porque encima se trata de una parodia de los anuncios de detergentes?! ¡Pero si todo el mundo sabe que la gran mayoría de casas cuentan con hombres a su cuidado, vamos, que eso del ama de casa se quedó en los años ochenta y que JPelirrojo crea un contenido alternativo, adulto y de calidad, así como unas canciones que quitan el hipo (bueno, esto último es cierto). 

Ya, como gota que colmó el vaso, para dirigirte a un amigo y amiga tuyos; ambos pilotos, no especificaste quién era piloto y quién era pilota. Me cago en la leche jodía, si es que eres un insensible, amigo lector, UN INSENSIBLE que no piensa en cambiar el género de algunas profesiones para el bien común mientras que otras, como policía o albañil, se la resbalan muy fuerte. No sé si conocerás qué es eso del esperpento, macho, pero deberías, porque lo tuyo no tiene ni nombre ni nombra. 

Si solo fueran ese correo o tus intentos sin éxito por llevarte a las zagalas a tu lecho, vale, pero que encima me vengas con que una vez quisiste pagarle la cena a tu ex-novia es ya para mear y no echar gota. Vamos, que te olvidaste de que ella era una mujer de color, fuerte e independiente (nacida en Carabanchel, eso sí) con solvencia suficiente para pagarse su menú Japi Míl y un refresco MEDIANO en el MaxDonnadl. Con todo esto, he oído que en otra ocasión fue al revés, que quisiste que ella te pagara el sustento porque no llevabas suelto. Un hombre grande, fuerte, caballeroso y resuelto como tú, pidiendo limosna a una pobre dama en apuros que probablemente necesitaría las vueltas para comprar un espray de pimienta… ¡Qué desfachatez! 

Pues sí, amigos, espero que me hayáis captado; estoy más que harto de las personas que van de igualitarias y de feministas, pero solo a medias y con lo que les interesa. Y más harto aún de la gente que se escuda bajo esta famosa frase: «el lenguaje es un reflejo de la sociedad, por eso hay que cambiar el lenguaje». Mire, no. Eso que estas personas se esfuerzan por hacer, esa censura absurda, tendría algo de lógica si la sociedad fuera un reflejo del lenguaje, pero como veis, eso es absurdo. Y ojo, que no me he metido con toda esa PEÑUQUI que no entiende que, entre amigos, hay ciertos insultos que hacen de apelativos cariñosos. ¿Es verdad o no es verdad, pedazo de mariconas? 

A ver si esta entrada genera algo de debate en los comentarios, que esto está todavía muy muerto y parece que la única entrada con éxito fue en la que comentaba que el acento no tiene por qué ser sinónimo de ser gracioso.

viernes, 18 de octubre de 2013

Lisa necesita un esperpento: La chabacanería artística de un reducido grupo de murcianos

Hoy os traigo, una vez más, algo asociado a las lenguas. Si estáis un poco metidos en el mundillo (como quien dice) es posible que hayáis oído hablar acerca de unos bribones una asociación cultural que promueve el habla, el estudio y la investigación del IDIOMA murciano. Por si no lo habéis notado ya, estoy totalmente en contra de esta aberración al ciento por ciento, pero vamos poco a poco, que todavía habrá tiempo de lanzar las insidias que correspondan. Sabed que todo lo que os cuento aquí es un arreglo que he hecho sobre una parte de un trabajo que hice el año pasado en la universidad.

El murciano no está reconocido como lengua y no se habla como tal en ningún lugar, tratándose únicamente de una variante dialectal del castellano. No obstante, hay una plataforma bastante activa que aboga por su reconocimiento como idioma diferente del castellano (L'Ajuntaera), con la que se ve proporcionado un sinfín de material relacionado a él. Voy a comentar de manera breve por qué consideramos que no existe el susodicho idioma, además de mostrar parte de ese material en castellano, ya que en la web donde está toda la información (http://www.llenguamaere.com/), se encuentra escrito en «murciano» podría causar problemas a la hora de entender todo el vocabulario.

Como bien señaló Santiago Delgado hace algunos años en un artículo publicado en el diario «La Verdad»
«Lo mejor para Murcia y para los murcianos es dejar de hacer el ridículo, pretendiendo poseer una lengua propia… Quien piense diferente, siga escribiendo, si es su gusto, con criterios fonéticos sui géneris, los neologismos inventados el mes anterior, por similitud a los pocos vocablos existentes y que sí son registrables como propios murcianismos: pero que no involucre el nombre de Murcia en eso […].» 
Es un hecho que nadie en toda la Región de Murcia habla de la peculiar manera que esta asociación promueve por medio de un terrible esperpento basado en el dialecto murciano, también conocido como panocho. Escribir las palabras tal cual las pronuncia un hablante de esta variante dialectal, incluyendo todos los términos antiguos o los que se usan en áreas muy concretas del sudeste español en todas las frases solo crea una sensación de exageración innecesaria y con pinceladas de ridícula comicidad que no debería causar más que vergüenza a cualquier murciano. A propósito del sentimiento de vergüenza, este grupo está muy ligado a recientes movimientos nacionalistas, considerados por muchos como los hermanos menores de los nacionalistas catalanes, si bien no han conseguido un eco demasiado fuerte, llegan hasta el punto de consagrar al catalán como la tercera lengua oficial de la Región de Murcia, un lugar donde, a pesar de haber influencia del catalán en algunas palabras, no hay más hablantes de catalán como los que puede haber en Sevilla o León (con la pequeña y puntual excepción del municipio de El Carche).


El Súper Perrete no aprueba que te creas to' lo que te dicen los chafarderos esos.

No se trata más que de una «estrategia» por parte de un pequeño grupo de nacionalistas murcianos (me da la risa al escribir eso, camaradas) que quieren hinchar la cultura de la región al mismo tiempo que fomentan cierta división y sentimiento de superioridad, como si los murcianos fuéramos, ya no españoles, sino mejores que el resto de habitantes de la península, algo bochornoso y propio de «putipatriotistas peseteros».

No existe una lengua murciana. En Murcia se habla el castellano y, obviamente, se profesan una serie de rasgos particulares y las variedades habladas, según las zonas geográficas y los registros sociales, son esencialmente un castellano que mantiene rasgos fonéticos, morfológicos, sintácticos o léxicos, así del castellano antiguo como del resto de los idiomas que se concibieron en la Península Ibérica. Entender por murciano las variedades escritas que algunos quieren imponer a los demás, a modo de «sello de autenticidad» no es más que un error.

La supuesta «llengua murciana» no puede ser considerada como otra cosa más que una falacia que no tiene ninguna base lingüística. Muchos de sus defensores se apoyan en determinadas obras literarias, sin embargo, estas son de tipo costumbrista en panocho, que de manera intencionada o no, es una mímica del habla de la huerta murciana. No obstante, la mayoría de autores exageraron dicha habla, que tenía por objetivo imitar esa particular manera de pronunciar las palabras, hasta el punto de convertirla en una burda parodia carente de sensibilidad.

Por tanto, determino (y no solo yo) que esta «llengua» tiene su origen en estereotipos sociolíngüísticos engendrados por los panochistas del siglo XIX (si es que me cago en la mar, «panochistas». Como para que no se rían de nosotros). Esa farsa se sigue continuando, como ya he comentado varias veces, por un colectivo no muy amplio de personas. Concluyo con una cita de Juan Antonio Sempere para un artículo periodístico en el año 1992:
«Debemos rechazar el concepto populachero de un lenguaje fingido y artificial que nadie habla ni ha hablado jamás en Murcia.»
En conclusión, hay que tener en cuenta que, si se siguiera este modelo de «fabricación», con exagerar hasta el infinito cualquier variante dialectal del castellano (o cualquier otro idioma) y transcribirlo al papel tal y como suena, cada persona tendría su propio idioma.

jueves, 17 de octubre de 2013

Japonismo: La fascinación por el arte japonés


El pasado día 16 de octubre asistí a la charla inaugural de la exposición titulada «la fascinación por el japonismo» que ya está abierta al público en CaixaForum Madrid (creo que ya ha pasado por el que hay en Barcelona, pero no estoy seguro). El acto fue presidido por Ricard Bru i Turull, Doctor en Historia del Arte (Universidad de Barcelona). Máster de Estudios Asiáticos. Postgrado de Lengua, Cultura y Negocios Japoneses (Senshû University, Tokio). Ha sido profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona. Actualmente trabaja como historiador del arte para el Institut de Cultura de Barcelona. Además, es miembro de la Sociedad para el Estudio del Japonismo (Tokio), del Shunga Project liderado por el Museo Británico (Londres) y del Grupo de investigación GRACMON (Universidad de Barcelona).*



Yo no había oído hablar nunca de este señor, pero sin duda la charla fue amena, instructiva e interesante. En ella se trataron temas enormemente interesantes; entre ellos destaco la visión que los japoneses tenían de los occidentales (concretamente de los portugueses y españoles) en el momento en que entran en contacto, allá por el siglo XVI ya fuera mediante cartas, estampas, grabados, etc., y la enorme influencia que supuso el arte japonés para el occidental en una segunda etapa de contacto que empezó a cobrar fuerza en el siglo XIX. 

No obstante, lo impresionante de todo esto es la gran cantidad de piezas únicas y de gran trascendencia que se han reunido para la exposición. Podréis encontrar trabajos de artistas de renombre como son Picasso, Toulouse-Lautrec, Manet o incluso de Joan Miró, entre otros. Personalmente, creo que a todo el mundo le agradará ver en vivo «La gran ola de Kanagawa», de Katsuhika Hokusai; probablemente la estampa japonesa más famosa y conocida en el mundo entero. 



También hay una serie de cuadros de una calidad enorme y que cautivarán a cualquier visitante, donde me impresionaron mucho las obras de Fortuny, pintor que desconocía hasta entonces.

Es una pena que no consiguiera hacer más fotos (o estas de mejor calidad), pero ya sabéis cómo son para estas cosas en los museos, que ni sin flash, a veces. De todas formas, estoy convencido de que volveré allí para verlo todo con más tranquilidad, aunque no lo vaya a hacer gratis como pude hacerlo durante el evento.

Un saludo y hasta pronto.



* Información extraída de su blog, http://ricardb.wordpress.com/

martes, 15 de octubre de 2013

El acento como sinónimo de humor. Oiga, yo creo que no.

Os vengo a hablar sobre algo que me ha venido incordiando desde hace ya algún tiempo: el TEMITA del acento asociado a la risa. Mi acento es murciano y estudio en Madrid, por lo que he podido apreciar ciertos aspectos bastante importantes para el tema que nos ocupa. Voy a evitar en la medida de lo posible la palabra «dialecto» porque alrededor del habla característica de Murcia, parece que cuesta un poco discernir entre dialecto y acento, principalmente por la cantidad de contenido contradictorio y erróneo que hay por ahí circulando, que hace dudar hasta a los de Churra (aunque yo soy plenamente consciente de que hay un punto en el que es claramente un dialecto, pero ya digo que no me meteré en eso). Que si el panocho no es lo mismo que dialecto murciano, que si hay otra cosa distinta del dialecto que es una lengua en sí, que si los murcianos son personas…, así que los voy a utilizar de forma indistinta para redactar esta entrada salvo que quiera hacer algún apunte (que no creo que sea el caso).

Mi manera de hablar se aleja un poco de lo que podríamos llamar español estándar, y es que en Murcia y alrededores pronunciar la ese es un delito. Además, la condena consiste en ver vídeos BIZARROS sobre BIZARRADAS de Thous Carapollen, así que no es como para tomárselo a broma, damas y damos. También son comunes, como en cualquier lugar, equis expresiones, aunque las de Murcia tienden a llamar la atención debido a que son muy peculiares y, sobre todo, malsonantes ante los oídos de otros provincianos. Os pongo como ejemplos «tonto’l pijo», «acho» e «ir a pijo sacao». Si queréis saber qué significan os aguantáis, que creo que se entienden bastante bien y, si no, ahí tenéis el Google.

Al venir a Madrid, noté, como era obvio, que todo el mundo hablaba «finústicamente», que diría mi abuela; cada dos palabras adornaban su perfecta oratoria con un «mazo», todo el mundo alegaba no tener acento de ningún tipo, muchos insistían en que el laísmo es correcto en Madrid y está claro se entrenan para echar lapos pronunciando la jota, entre otras cosas. Por no hablar de que casi nadie sabía qué demonios era Murcia, algo comprensible de lo que podéis encontrar información aquí

Pero no estoy aquí para contaros lo mal que se habla en Murcia o en Madrid, que ambas tienen su cosica. No, estoy aquí para decirors que, en general, asociar un acento u otro al humor es una estupidez que puede llegar a ser tediosa.

Es la primera vez que oyes hablar a un sevillano, a un barcelonés o a un coruñés y te hacen gracia el deje o las expresiones. Vale, bien, pero de ahí a alcanzar máximas como la de que todos los andaluces son graciosos hay un trecho, porque vamos, si resulta que la forma en la que pronuncian las palabras ocho millones y medio de andaluces ha de ser gracioso sí o sí, pues mire usted: NO.
 ¿¡O es que veis a los de Cádiz partirse la caja los unos de los otros?! Bueno, eso sí, ¡pero no por cómo hablan! En un caso como este, me atrevo a decir que los paletos son el resto de «provincianos» (o los de la capital) y no los «detractores de la ese». Su risa no premia al ingenio, ni a la manera de contar algo, sino que responde ante lo que se entiende como una manera cateta de hablar, de hablar mal.

Con esto no quiero decir que en ciertos lugares no se oigan ciertas burradas que provocan risa y pena al mismo tiempo, además de que acentos como el murciano están asociados a este tipo de comportamiento, es decir, de hablar mal, de ser un cateto y demás, es incluso conveniente «guardar» en la medida de lo posible esta manera propia de hablar cuando no estés en una atmósfera académica porque, guste o no, no es un acento bonito, no transmite una imagen de seriedad y hay que saber adaptarse a ello.

Eso sí, no soy partidario de que el acento se pierda; para mí es como una herencia que se debe mantener, aunque sea en el habla coloquial, pero tampoco hay que olvidar de que a la forma en la que se usa la lengua le siguen una serie de aspectos socioculturales que pueden beneficiarnos o perjudicarnos, de hecho, soy consciente de que ahora mismo podría tener lectores andaluces recién llegados de su siesta de 16 horitas; ¿me captáis o qué? Así que, si solo te dicen que eres gracioso a más de 100 kilómetros de tu área de operaciones habitual, DESCONFÍA.

En mi caso, mucha gente me dice que soy gracioso, tal y cual. No me molesta que se rían si pronuncio de esta o aquella manera, sobre todo porque suelen reír conmigo y no de mí y normalmente es porque explico ciertas expresiones rebuscadas (con el objetivo de que el chascarrillo brote, vamos). Lo que sí me molesta es que alguien intente quitar veracidad a lo que digo por el mero hecho de que, precisamente, lo pronuncio de esta o aquella manera.

Por cierto, si quieren echarse unas risas, os recomiendo que busquéis vídeos o artículos publicados en nombre de «llenguamaere»; no tiene desperdicio.


Hasta la próxima, y ¡a ver si me vais comentando, que me voy a desmotivar muy pronto!

lunes, 14 de octubre de 2013

Ay, el bachiller...

Hoy vengo a hablaros sobre el bachillerato. El bachillerato que yo viví, por si algún listillo cree que voy a ponerme a comentar por aquí sobre la LOGSE o cualquier rollo macabeo del estilo.
La mayoría de estudiantes que opta por estudiar el bachiller tiene que elegir entre dos ramas, digamos, mayoritarias: Ciencias o Letras. Yo tuve la suerte de tener a mi disposición un abanico (ja, ja, abanico, menudo maricón) de elección un poco más amplio y me decanté por cursar el bachillerato de Ares Plásticas. Casi todo el mundo «sitúa» a los estudiantes de esta rama en lo más bajo en cuanto a la capacidad intelectual de sus estudiantes. Bueno, realmente, es una rama que la gran mayoría de personas desprecia bastante; ¡hasta los de Humanidades! ¡Esos que estudian Cultura Clásica!

Es cierto que el alumno medio de artes no es precisamente una lumbrera, ni un Pissarro. Qué digo, si Pissarro era un mamarracho, mejor un Klimt, que era mu’ bonico. Digamos que el alumno medio tira más por un estilo de «rapero» que se pasa las clases haciendo «piezas» con sus rotuladores permanentes o por alguien con delirios de grandeza que une dos líneas con un lápiz y ya quiere que le expongan en el MoMA. No obstante, hay una gran diferencia que yo agradecí y sigo agradeciendo. No hay envidia irracional ni competitividad malsana. Cuando a alguien en clase le gustaba tu trabajo, te lo decía y te aconsejaba sobre cómo mejorarlo. Y eso mismo podía hacer yo con total libertad con el resto. Era un ambiente relajado, sin tensiones, donde todo el mundo estaba haciendo algo que medianamente le gustaba y eso se nota. Al mismo tiempo, veía a mis compañeros de ciencias darse cabezazos contra la pared porque la competitividad era casi enfermiza y, en general, ninguna asignatura les motivaba demasiado, las veían como una carga y un problema que resolver para poder acceder a la universidad. Por no hablar de los aires de superioridad que se daban por ser de ciencias, vamos, que por lo visto cualquiera que se ponga con un dibujo lo hace «prefesto». Que se lo digan al bueno de Adolf. Aunque, lo cierto es que prefería a los de ciencias antes que a los de letras y sociales. Estos últimos rara vez tenían un objetivo o plan de futuro que fuese más allá del botellón del sábado, que también están bien, ¿eh? (o de ver «Glee», que ya se sabe que los de letras tienen lo del aceite roto, que lo leí una vez en una página de Tuenti).



Pissarro veía «Glee», anda que no se le notaba.

Ahora bien, pasa algo con esta rama que me mosquea mucho y que es parecido a lo que sucede con la carrera de Magisterio: mucha gente oye que es lo más fácil y con una mínima simpatía que CREEN profesar hacia alguna de sus asignaturas (luego siempre se quejan de que los modelos son un pelmazo y demás majaderías, con lo que mola dibujar CULOS), se enrolan al tema sin pensarlo mucho (tampoco es que puedan hacerlo aunque quieran) y eso hace que el nivel general decaiga y las asignaturas que no son propias, vamos, Lengua Castellana y Literatura, Filosofía, Educación Física, Ciencias para el Mundo Contemporáneo etc., tengan un desarrollo mucho más tedioso y pesado. Especialmente las dos primeras que he mentado por lo que viene a ser la ortografía y lo abstracto (y ni con Descartes, oiga).

En cualquier caso, yo me encontraba a gusto, haciendo algo que me gustaba y sin pensar demasiado en qué haría cuando acabaran esos dos años. De hecho, rara vez me encontré así durante la enseñanza secundaria, que fue casi un calvario. Ahora estudio lenguas, algo que entraba más o menos dentro de mis perspectivas, pero que, desde luego, se aleja bastante de lo que vienen a ser las Bellas Artes. También es cierto que fue un período de cambio, empecé a interesarme por la cultura japonesa más afondo, tenía otro blog (mucho más de subnormal quinceañero de lo que os podáis imaginar), comencé mis andanzas en la Escuela Oficial de Idiomas, algo que me supuso una gran ayuda y mejora para mi inglés, además de que me lo pasaba muy bien allí y todo me iba sobre ruedas, la verdad. Tenía mis cosicas, como todos, pero vamos, que no me podía quejar.
Aunque al principio no estaba muy seguro de si me elección había sido la correcta, pero a día de hoy puedo decir con orgullo que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Mi paso por la ESO no fue muy agradable, como ya os he dicho: el ambiente no era el apropiado para el estudio, los compañeros eran mayormente garrulillos de poca monta (como si los hubiera de otro tipo) y yo no estaba muy a gusto en el instituto, por no hablar de que en 4º de la ESO yo era un estudiante muy mediocre, aunque eso tenía que ver con el hecho de que estaba en ciencias y eso no era lo mío, pero eso es otro tema que ahora no viene mucho al caso.

En fin, que animo a todo el mundo que sienta interés en el mundo del arte a que se decante por esta modalidad de bachiller porque, al menos a mí, me hizo sentir realizado, por no hablar de que los métodos son muy diferentes de los que se ven en las demás ramas. Aprenderás cosas verdaderamente útiles en ese campo y mejorarás mucho como persona, porque el arte, quieras o no, te puede llegar a tocar bastante. Esos dos años no deberían gastarse estudiando cosas que no te gustan si tienes la opción de no hacerlo; esto lo digo porque mucha gente tira por ciencias, por el simple hecho de que tiene más salidas, cuando en verdad tiene un más porque hay mayor cantidad de ingenierías que requieren de materias específicas para poder acceder a dichos estudios, vamos, que si crees que las ingenierías son lo tuyo, pero no te decantas por una, pues sí, pero si quieres hacer Historia, Filosofía, Biblioteconomía, o lo que sea, lo mismo da y habrás sufrido muchísimo con las matemáticas, la física y demás MALVADOS ENEMIGOS.

Por cierto, estoy abriéndome a un público muy amplio, así que, para los posibles lectores de primaria que pueda tener (ojito, que nunca se sabe), el bachillerato son los dos años que van después de la ESO y son el pasaporte hacia las enseñanzas superiores. ¿Entendéis, niños? Para intentar labrarse un futuro, aunque como ya os habrán dicho vuestros papxs y vuestras mamxs, no tenéis mucho futuro. Je, je, ¿a que es gracioso?

Nota para la gente aviesa que me pueda leer: he generalizado y recurrido a ciertos tópicos, obviamente no todo el mundo es así, pero por si acaso, quería matizarlo de nuevo.

domingo, 13 de octubre de 2013

Deseo

Bueno, como no sé muy bien sobre qué escribir, he pensado que podría ser divertido colgar aquí algo de lo que he escrito. No me entusiasma especialmente porque sé de sobra que no soy un entendido de la poesía, por no hablar de que lo que hago es, en general, verso libre y no veréis una métrica cuadrada o unas rimas que quitan el hipo, no. En fin, que aquí va:


Mi deseo es simple.
Mi anhelo bate sus alas portando la rama de olivo.
El jugo de la sandía ameniza la espera.

La dura carga se me resbala de las manos al llorar.
No importa…
Quiero pensar.

Un recuerdo bañado en sepia no lo hará menos doloroso.
Un contraplano no hará del drama una comedia.
Mi conciencia no es tímida; le gusta hablar hasta reventar.

No importa…
Grito hasta que el rojo invade mi piel.
Mi deseo es simple.

Una vez más me intenté convencer:
No importa…
Dije antes de apretar el gatillo.

Nadie lo comprendió.
Nadie escuchó.

Bueno, como veis la temática no es muy agradable ni invita a disfrutar de un día por el campo, la verdad.
Aproximadamente tengo en la recámara unos 25 o 30 poemas por si alguna vez necesito una entrada comodín y no sé sobre qué otra cosa podría escribir. Además, tened en cuenta que el blog es nuevo y lo leerán cuatro gatos contados, o sea que... No obstante, dejadme deciros que al principio mi idea era hacer un blog solo para poner lo que iba escribiendo, pero no va a ser así (espero).

Espero que os haya gustado y hasta la próxima. A ver si alguien me va comentando algo, que esas cosas siempre animan.

sábado, 12 de octubre de 2013

Floyd el Loco empieza sus canturreos.

Llevaba ya un tiempo pensando en hacerme un blog, pero es ahora cuando me he animado a hacerlo con el único objetivo de escribir sobre todo lo que se me vaya ocurriendo de manera que pueda resultar atractivo a alguien; que sea divertido o entretenido leerme. Ya sea escribir sobre la vida diaria, acerca de alguna película que merezca mención, publicar algún relato corto o poesía (sobre todo esto último), etc. La verdad es que no sé muy bien por dónde empezar, así que, de momento, me voy presentando en esta entrada y ya iré viendo cómo avanza la cosa.



¡Pa'llá que me voy, achoooo!

Escribiré bajo el seudónimo de Floyd (el Loco) y soy estudiante de Lenguas Modernas, Cultura y Comunicación en la Universidad Autónoma de Madrid. En efecto, me interesan bastante todas esas «movidas» de los idiomas. En concreto, estudio dos: inglés y japonés. El inglés es una lengua a la que le he cogido el «gustico» de manera casi forzosa; me la empezaron a enseñar en el colegio (o lo intentaron muy vagamente), oía continuamente decir a todo el mundo que el inglés iba a ser el idioma del futuro (tampoco se equivocaban mucho),... Todo esto hecho puré, sumado al hecho de que en comparación a la mayoría de compañeros de colegio e instituto siempre se me dio bien, hizo que cada vez me fuera gustando más y más. Disfruto de la música, de algunas series y películas en inglés y es perfecta como lengua herramienta para comunicarme con gente extranjera que no habla español o yo no hablo su lengua. No obstante, llevo un tiempo que mi inglés mejora a pasos de hormiga por motivos varios, entre ellos está esa desmoralización que siento en la universidad, donde tengo muchos compañeros con un nivel muy alto, ya sea porque han tenido medios para estudiar en el extranjero o porque simplemente han sido más AVISPADOS que yo y se han puesto a leer libros en ÍNGLIS como locuelos.
Por otro lado está el japonés, idioma froko alternativo donde los haya. Allá por 2003 vi «El último samurái», y creo que fue entonces cuando empecé a sentir curiosidad por la cultura japonesa (especialmente por los samurái). Era bastante pequeño así que todo aquello para mí era un mundo nuevo y desconocido, no sabía demasiado de nada que tuviera que ver con oriente (todavía no estaba todo plagado de tiendas de alimentación regentadas por chinorris ávidos de eulos) y claro, yo lo flipaba de lo lindo con todo ese ir y venir de espadas y pelambreras raricas. No obstante, mi mayor acercamiento a esta cultura, y sobre todo al idioma, llegó cuando empecé a ver animación japonesa en japonés, es decir, ya no eran «Dragon Ball», «Doraemon», «BoBoBo», etc. doblados al castellano. Empecé a ver «NARUTO». Sí, amigos, empecé con ESO, como casi todos, pero poco a poco fui viendo más series de animación, llegando a tragarme mierdas muy grandes, todo sea dicho, hasta que mi interés en las series de animación decreció considerablemente. Vamos, que he visto unas cuantas (la mayoría muy típicas) y ya está. Pero esto me impulsó a estudiar japonés. No es que yo quisiera hablar como mis personajes de animación favoritos, no, sino que, acostumbrado a encontrar similitudes con el castellano en el inglés, el francés, el alemán, el italiano, etcétera (algo obvio), me chocó mucho el gran abismo que había entre el castellano y el japonés, si bien la pronunciación se asemejaba mucho más que la del castellano y el inglés, por ejemplo. Bueno, quizá ya me extienda sobre esto más en alguna entrada, que esto es solo la presentación y no quiero ponerme muy zamarro.
Ahora viene el tema del nombre del blog (tengo que buscarme un dibujo bonico para poner en la portada y que no os queráis ir, O ALGO). Nací en Murcia y siempre he vivido ahí hasta el curso pasado, que me vine a Madrid a estudiar. De eso viene que el nombre que he elegido para este espacio sea «Pronuncia la Ese», porque, si controláis un poco sobre los dialectos y acentos de nuestro ¿amado? país, habréis caído en la cuenta de que cada vez que un murciano intenta pronunciar un plural parece como si estuviera a punto de regurgitar toda la merienda. Y no está la cosa como para ir por ahí echando por la boca la comida que tu madre te ha preparado (o tu padre, que aquí rechazamos firmemente al heteropatriarcado opresor, y al no opresor también, por opresores). Vamos, que cuando llegué a Madrid me di cuenta de que a todo el mundo le parecía graciosa mi manera de hablar, algo que mola porque me daba la sensación de que yo era gracioso, cuando obviamente lo gracioso es que te dejes por ahí una ese o una erre sin pronunciar de manera estándar, digamos. Así que, eso, ¡pronunciad, malditos, pronunciad!

En fin, que ya veré qué diablos escribo en la segunda entrada, ¡hasta la próxima!