sábado, 30 de noviembre de 2013

La capacidad lingüística de España MOLA CANTIDUBI

Hacía tiempo que no escribía nada aquí; más que nada porque no se me ocurría el qué, pero tranquilos, que hoy sí que tengo material.

Ayer vi un libro bastante interesante, titulado: «Iniciación al euskera». Se trata de un método para aprender de forma autodidacta nociones básicas de vasco a través de unos procedimientos bastante distintos de los que podemos encontrar en las gramáticas de lenguas, los libros usados en las escuelas de idiomas, etcétera. Esto es, asimilando primero la lengua a modo de «espectador» y al cabo de cierto tiempo empezar a utilizarla de forma activa.

A lo que voy es a que me costó mucho (relativamente) encontrar libros sobre la lengua vasca, más allá de diccionarios. No es que me pateara toda Madrid, pero para que os hagáis una idea, librerías como La casa del libro, que son de bastante relevancia, no tenían más que un ejemplar de este libro en toda la ciudad. En El Corte Inglés más de lo mismo, un paquete con discos de audio a un precio bastante elevado; en la Fnac no tenían absolutamente nada y no voy a hablar sobre las librerías que no pertenecen a cadenas o que son más tradicionales por motivos obvios.

Si alejamos esta lengua, el catalán, el gallego y demás del contexto político, tendréis que reconocer que no dejan de ser lenguas españolas por el simple motivo de que se hablan en el territorio español. Entonces, ¿por qué pueden llegar a ser tan poco accesibles? Y sin contar el odio que estas lenguas pueden llegar a suscitar entre una gran porción de gente en este país.

En los colegios e institutos de toda España deberían cursarse todas estas lenguas, aunque fuera de manera opcional, si me apuráis. Nuestra potencia lingüística es enorme, además de contar con el caso del euskera, que es una lengua aislada y que supone un extra de riqueza grandísimo. Además, lenguas como el catalán no supondrían ningún esfuerzo para cualquier niño (incluso adulto) que hable castellano. Yo no sé catalán, pero es un hecho que si me hablan de una forma más o menos neutra y no muy rápido, algunas cosas las puedo entender, y como yo todos los castelllanohablantes. Quizá mucha gente argumente en contra alegando que no son lenguas pragmáticas, que es mejor incluir un mayor abanico de idiomas extranjeros... Yo creo que eso es una estupidez dentro del contexto español. Vale que no «necesitemos» estas lenguas, sí o sí, para comunicarnos con la gran mayoría de españoles, pero hablar más de una lengua no es simplemente saber decir las cosas de distintas maneras (que ya es mucho), sino que aporta visión, entendimiento y facilidades culturales a la persona que los hable; una persona que comprenda tres o cuatro lenguas desde que es joven, tendrá muchísimas más facilidades a la hora de desenvolverse en una gran variedad de ámbitos, sin mencionar que sería más apto para los ambientes multiculturales y multilingües. Además, España no está preparada en estos momentos para introducir más lenguas en la educación pública o, si lo hiciera, lo haría de qué manera. No hay más que echar un vistazo a lo BIEN integrado y a los FANTÁSTICAMENTE preparados que salen los niños del instituto. Vamos, que TODOS hablan con un acento de Manchester que ni con bombín y monóculo, oiga.

También es cierto que muchos docentes en determinados centros educativos desprestigian en la medida de lo posible estas lenguas o no hablan  de ellas a los niños lo suficiente (nada), que es incluso peor, porque estos no reciben ni un ápice de información más que el que ven por la tele y acabarán por asociar estos idiomas a cosas malas. Sin ir más lejos, estoy haciendo memoria y no recuerdo que me explicaran mucho sobre las distintas lenguas que se hablan en España, siempre se enlazaba todo con la independencia o con los «eso no vale pa' ná». Por poner otro ejemplo: el euskera tiene fama de ser difícil; que podrá ser verdad o no, pero los niños pueden aprender cualquier lengua si se les enseña desde jovencitos, o sea que no importa nada lo difícil que sea, ¿no creéis? Más aún: ¿Cuánta gente considera al catalán o al gallego dialectos del español? Muchísima. Demasiada (y sin aportar argumento alguno).

Si soy algo positivo, pensaré que todo esto es debido a la comprensión parcial que se tiene de ellas y a la escasa atención que se les presta en los colegios. Si soy negativo, no puedo continuar sin aislar todo esto de la política, así que lo voy a dejar.

Para la próxima entrada comentaré los rasgos principales del idioma japonés, así que estad atentos, MALDITOS FRIKIS DEL COPÓN.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Cinco sitios MAZO DE GUAPOS que ver en Madrid

He estado muy liado, así que no he escrito nada por aquí desde hace un tiempecito, así que me he animado a recomendaros cinco sitios que me encantan de la capital de España, a pesar de que ahora esté «empantaná» y muy sucia. 

PLAZA DEL DOS DE MAYO


Aunque no parezca un sitio muy especial, lo cierto es que a mí me gusta bastante; el ambiente que ahí se respira en una tarde de primavera tiene un no sé qué que qué se yo. Además, a veces se montan puestos de antigüedades, casetes, vinilos, etcétera y en una esquina de la plaza hay una tienda de libros usados muy interesante y con precios nada prohibitivos; a veces encuentras libros bastante raros. Y para los más «echaos pa' lante», hay muchas terrazas, por si queréis invitar a unas fantas a las jóvenes damas que pasen por la zona a plena luz del día.



MUSEO SOROLLA


Este BENDITO museo no tiene nada que envidiar a otros más grandes como el Thyssen, que es una mierda. Las obras se exponen en lo que durante unos años fue la propia residencia de Joaquín Sorolla, un ATÓMICO del pincel y se convirtió en museo una vez fallecido por empeño de su viuda, Clotilde, si bien esta transformación no se llevaría a cabo hasta años después de que esta muriera. Los sábados y los domingos se puede entrar gratis y si van entre semana, tampoco os supondrá demasiado gastar entre un euro y medio y tres euros, según su edad, si van en grupo, etcétera.


 
Es un museo que contiene obras de considerable importancia y calidad y además está situado en un lugar casi idílico.



CALLAO


Quizá sea un sitio muy típico (aunque los que ya he recomendado no es que sean precisamente desconocidos) y que no alberga nada en especial, pero es, sin lugar a dudas, mi lugar favorito para pasear un rato si lo que me apetece es ver el bullicio de Madrid. Desde Callao puedes recorrerte toda la Gran Vía, donde hay montones de bares, teatros, cines y edificios que a los de pueblo os quitará el hipo después de haber bebido mal a gallete del botijo, claro está. Así me ahorro recomendaros la Puerta del Sol, para que veáis cómo piloto de la cocorota, muchachos. Eso sí, en Navidad está demasiado masificado, incluso si te gusta el ajetreo.

TUMBA DE GOYA



Vale, la ermita de San Antonio de la Florida no es un lugar que te deje impactado, ni por dentro ni por fuera. No obstante, Si sigues el camino más allá de la estación de Príncipe Pío, tendréis (o al menos yo la tengo) la sensación de que ya no estás en Madrid. Es una zona muy bonita y cuidada a unos metros del río Manzanares y en esta ermita de la imagen es donde se encuentra enterrado Francisco de Goya y Lucientes junto a unos frescos realizados por él mismo. De hecho, hay una estatua suya al otro lado de la calle, frente al edificio.


Lo mejor de todo es que el lugar está muy parado y podréis disfrutar tranquilamente, aunque id con cuidado de que no os vea el guardia de seguridad porque no se pueden hacer fotos (pero hacedlas, hacedlas). No deja de ser curioso que la tumba de alguien con tanto renombre esté tan abandonada, ¿eh? 

MERCADO DE SAN MIGUEL

¿Eres pobre y tienes hambre? ¡No te preocupes, para eso se inventó el Mercado de San Miguel, donde encontrarás cosas muy ricas y ostentosas a precio de oro!


Lo cierto es que siempre está atestado de turistas con ansias de españolismo culinario, pero si alguna vez queréis comer cosas variadas y que estén buenas, debéis ir a este mercado. Yo, personalmente, siempre he optado por entrar y salir con las manos vacías, pero igualmente, es una visita agradable, porque me aleja un poco de las cadenas de restauración. Y todo a escasos 50 metros de la Plaza Mayor, donde podréis tomaros un lo que sea rodeado de indigentes y ahora también de basura.

Por supuesto, hay muchísimos sitios que ver en Madrid, pero me apetecía nombrar cinco y estos han sido los agraciados. No dejéis de decir cuáles son los sitios que os gustan a vosotros, que seguro que podemos hablar largo y tendido de los contrastes de Montera, ¿eh?

sábado, 9 de noviembre de 2013

La magia de las bandas sonoras.

¿Quién de vosotros no ha disfrutado la melodía de alguna película, serie o videojuego? Seguro que todos, ¿verdad? Siempre me ha llamado la atención que haya tantas personas que vinculan el sentimiento que equis obra les transmite en relación a la música que en ellas aparece. De hecho, parece que si una canción nos gusta ya de por sí, si la asociamos a, por ejemplo, una película que nos guste mucho, pues la canción va a pasar a gustarnos más aún, además de que la asociaremos a la temática de la película de manera casi inmediata. 

Me gustaría dejar por aquí alguna que otra banda sonora por la que profese especial simpatía, a ver qué os parece. Advierto que puede que haya spoilers, así que leed bajo vuestra propia responsabilidad. Si hablamos de videojuegos, una de las sagas que primero se me vienen a la cabeza es sin duda la de «Metal Gear Solid» por cosas como esta:


Cualquiera que haya jugado alguna vez a la primera entrega la estará asociando, conforme escucha, con la hermosa Sniper Wolf yéndose al otro barrio, ¿o no? Y es que va directica al corazón, amigos. 

Otra pieza que me gusta mucho es esta:


Simple y breve, pero desde luego, a mí me emociona muchísimo cada vez que la escucho. ¿¡Quién no se emociona al pensar en el discurso que Big Boss le suelta al jovenzuelo de su hijo probeta en un cementerio en la puesta de sol?!

Ahora voy a pasar a una película: «Blade Runner».


Ese maldito saxofón... Esa atmósfera a medio camino entre lo decadente y lo sensual. ¡Ese condenado Evángelos Odiseas Papathanassiou, más conocido como Vangelis! Guardo especial cariño a la banda sonora de esta película (y a la película también, claro) porque la escuchaba mientras preparaba los exámenes de Selectividad y, desde entonces, es la banda sonora de mis exámenes.


Solo necesitaba esta excusa para meter por algún sitio esta famosa escena, pero es que, en serio, adoro esto. Y vosotros también deberíais.

Es el turno de «Kill Bill», una de mis películas favoritas y con un elenco de canciones que resulta tan estrambótico como acertado, pero ya sabéis como es el jodido Tarantino.


Por si una yanqui embutida en un mono amarillo batiéndose en duelo contra una chino-americana que va de japonesa por la vida en el jardín de un hotel con un frío del copón fuera poco, te meten esta canción. Sencillamente genial. 


Pero George Zamfir, ¿qué diantres haces tocando esa cochambrosa flauta de pan que a todos nos gusta tanto en medio de una escena de japoneses y catanas siendo más rumano que vete tú a saber qué?

Volvamos con los jueguicos. Ay, los jueguicos, los jueguicos. ¡Buenas tardes, Link! ¿Por qué sus juegos cuentan con unas musquillas que le hacen a uno pensarse que es un condenado héroe de la farándula?


¡Todos a picarle en el culo a un dragón que está de mal humor, corred!


Pero, ojito, que también hay hueco para la decadencia y la depresión en «The Legend of Zelda». Mirad cómo ese bichejo de medio metro que se hace llamar Midna os saca la cera de los oídos.

Si Link, Zelda o Tingle no os convencen, siempre podemos acudir a algo más rudo. Vamos, que nos metemos de lleno en la Segunda Guerra Mundial, zagales.


Escucho esto y me da una nostalgia que pa' qué, pero ya hablé de eso hace poco, y no es plan de ponerme en el Maricón Mode otra vez.

Ya, para ir dejando esta entrada (que tampoco voy a poner aquí todas las bandas sonoras que me gustan), creo que conveien mostraros una cancionceja del que considero mi juego favorito. Bueno, qué demonios, ¡os voy a poner la introducción, que mola más! Mirad, mirad: 


Estos han sido los créditos de apertura del genial «Broken Sword: La leyenda de los Templarios». Por supuesto, hay muchísimas bandas sonoras que se me quedan en el tintero, así que os animo a que comentéis con algunas de las que os gusten. ¡Nos leemos!

martes, 5 de noviembre de 2013

JIN-仁-. Acho, tenéis que ver esta serie

Quiero recomendaros una serie de televisión japonesa; sí, sí, japonesa. Ya sé que los japoneses suelen sobreactuar muchísimo y, de hecho, no me suelen gustar las series o películas que van enfocadas a un público japonés, pero hace ya un tiempo que descubrí una serie que me pareció bastante buena y quisiera compartirla. 

El título original de la serie (o dorama, como prefiráis) es «JIN-仁-», aunque es de sobra conocida como «Jin» y cuenta la historia de Jin Minakata, un neurocirujano que se encuentra en una situación algo difícil, ya que su prometida entró en un estado de vegetativo a raíz de una operación que él mismo realizó, de la que cuenta con pocas probabilidades de recuperarse. Un día nota fuertes dolores en la cabeza y se desmaya. Al despertar, aparece en el Japón feudal; concretamente en el período Edo donde, mientras que intenta volver a su época, se hace hueco en el mundo de la medicina de la época.

   

Aquí tenéis los créditos de apertura

La primera temporada de las dos que se compone la serie está formada por once episodios y está protagonizada por Takao Osawa. Sin embargo, el principal interés de esta serie es su despliegue de medios (algo que, al igual que con la televisión española, pasa con poca frecuencia en las series japonesas); la recreación de la ciudad de Edo es bastante fiel, así como las vestimentas, el uso del lenguaje, higiente, etcétera del que hacen uso los personajes se acerca bastante a lo que podría haber sido en esos tiempos. Además, creo que aglutina cierto valor educativo en términos históricos en cuanto al país del sol naciente se refiere. Yo no sé mucho de historia de Japón, pero para los que sí que sepan, a lo largo de la serie aparecen algunos personajes como Ryōma Sakamoto o Kōan Ogata que supusieron papeles decisivos y de suma importancia para el desarrollo de la época del país en cuestión.


No hay que olvidar de que el apartado musical es bastante bueno

Como decía al principio, los japoneses suelen actuar de una forma que a nosotros, los occidentales, nos rechinar un poco por la enorme sobreactuación de la que estos granujillas de color ¿amarillo? pueden llegar a hacer gala. No obstante, la serie representa a los japoneses, y no a nosotros, por lo que esperéis, en consecuencia, que su forma de actuar se ajuste, más o menos, a su realidad: reacciones algo exageradas, todo les entusiasma enormemente, dan una desmesurada importancia a algunos detalles que para nosotros pasarían inadvertidos, utilización recurrente de primeros planos de miradas poco naturales y uso de la cámara lenta en asociación a la «belleza femenina» o a la «heroicidad masculina» (esto aplicado a la grabación, claro), gestos ortopédicos y falsos, etcétera. Aunque, insisto, según he podido ver, los japoneses actúan de una manera bastante similar en la vida real y en esta serie no ocurre como en otras, donde aún se exagera muchísimo más esta percepción que ellos tienen de la realidad.

Vamos, que la veáis si tenéis interés en la historia de Japón o en la medicina (en esto último ya no sé si es tan fiel a la realidad porque no sé nada de medicina). Para que os hagáis una idea, esta producción puede suponer para Japón lo mismo, o parecido, que la serie «Isabel» en España. También es cierto que esta última incluye mucho relleno de corte sexual e incogruencias históricas; algo que no veréis en Jin, ya os lo digo yo. O al menos, no de manera tan pronunciada.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Floyd está un poco nostálgico. Qué maricón.

Noviembre siempre ha sido mi mes «casero». En casa no hace un especial frío, pero sí el suficiente como para estar tapado con la manta echándote una partidica a algo en la videoconsola o viendo una película protagonizada por el asombroso y polifacético Colin Farrell. Esto cambió en el momento en el que empecé la universidad el curso pasado, pero ha sido ahora cuando me he dado cuenta. La presión de la universidad, el mareo de pedir el convenio al extranjero (que si TOEFL, que si esto, lo otro,...), los trabajos pendientes, lo mosquita muerta que es la de Comunicación (de momento), lo pesados que se hacen los viajes en tren para ir y volver... Ese sentimiento de no estar «ni dentro ni fuera», de deslocalización... 

Supongo que todo tiene que sufrir un cambio, una evolución, y en mi caso ha sido perder esa sensación de calor casero; suprimido por la universidad y sus fechas «boloniescas». Ahora solo es un puente y no me afecta demasiado, pero en Navidad sí que me va a dejar tocado, amigos. Es lo que tiene que los exámenes sean un día después de la Noche de Reyes, pero qué le vamos a hacer...

Donde más noto esta «tradición casera» dentro de mi vida ociosa, por muy tonto que pueda parecer, es en la manera en la que disfruto los videojuegos. Hace un par de años gastaba gran parte de mi tiempo libre (por no decir el noventa por ciento) en mirar vídeos, noticias, reportajes, artículos y demás parafernalia sobre videojuegos; además de jugarlos, claro está. Era lo único que tenía en la cabeza. Incluso, dado que soy bastante joven, seguro que he sido el tocapelotas de algún foro cuando tenía trece o catorce años. Ahora. en cambio, suelo tirar más por el mismo procedimiento que uso para ver películas o series: salvo que sean juegos de salida, los compro cuando han bajado un poco de precio en el momento que me llamen la atención, aunque sea un poquito y no conozca nada sobre el artículo en cuestión (o simplemente haya visto un par de imágenes, un teaser o lo que sea), pero vamos, lo mínimo para jugarlo de manera que las opiniones externas me afecten poco o nada a la experiencia. Esto tiene una gran ventaja, y es que «evalúo» mucho mejor un juego, pero reconozco que la expectación que se tiene antes de que un juego vea la luz es una sensación que puede llegar a ser beneficiosa (siempre y cuando el juego no resulte ser un truñaco). Este año he vivido el hype con «GTA V» y «Beyond: Dos almas». Sin embargo, era un hype totalmente diferente al que acostumbraba; tenía muchas ganas, había visto unos cuantos vídeos y leído algunas noticias, pero ya no era como antes. Si uno de esos juegos se hubiera retrasado, no me hubiera importado demasiado. Esto me recuerda (igual que mi entrada anterior) al «Metal Gear Solid IV» que, debido a una huelga de camioneros que hubo en el ya lejano 2008 se retrasó en España por un par de semanas. Recuerdo claramente que estaba que me subía por las paredes: quería comprar la PS3 y veía el cambio de generación como algo maravilloso, como algo novedoso y casi futurista que me daría enormes momentos.

Ahora «solo» consumo. Como si el reloj fuera hacia atrás, hago mucho menos uso de los portales web y foros que tratan el tema, ¡ni siquiera miro revistas, parece que acabaran de empezar a funcionar los malditos videojuegos! Mi emoción ha caído en picado, coleguitos y coleguitas, siento haber pasado de tener 15 años a tener 30 de una sentada. A lo mejor es que ahora soy más exigente a la hora de jugar un videojuego y soy más objetivo, no sé, y si en algún momento a los guionistas de algún juego se les va la pinza suelto un estufido de desaprobación y una mirada de jaguar hacia la caja, impertérrita y tácita. Estaréis pensando que soy un tonto'l pijo por divagar así sobre una cosa como esta, pero es lo que hay, si has leído hasta aquí, ¡eres cómplice

Es posible que tan solo sea que el tiempo se me empieza a escapar de las manos y los videojuegos actúan como nexo; esta última generación de videojuegos la he vivido, gracias a internet, de otra forma y ha traído detrás tantos cambios en mi vida personal que mi subconsciente no asimila e intenta parar el tiempo. Ojalá pudiera volver a esos viernes que gastaba yendo al videoclub para sacar un juego, correr a casa, copiarlo, y dar marcha atrás hacia el videoclub para decirle a la dependienta que el juego estaba estropeado y que quería coger otro... Y todo esto en 4 o 5 videoclubs distintos. ¡Menudo pedigüeño estaba hecho!

sábado, 26 de octubre de 2013

Floyd el Tecnozombi

Cada vez queda menos para que empiece un nuevo año; concretamente el dosmilésimo catorceavo. Vamos, el 2014, para los amigos. Pensar en ello ha hecho que me acuerde del Metal Gear Solid IV, cuyos hechos se desarrollan en un ficticio 2014. Bueno, ficticio, sí, pero no tanto como cabe esperar…

Sin duda, nos encontramos en una época plagada de «tecnozombis», cada uno a su manera, pero quién más y quién menos es algo «tecnozombi» (por supuesto, hay excepciones). Los más habituales son esas personas, aunque normalmente lo veo más en chicas, que siempre van con el móvil en la mano, allá por donde pasen, leyendo mensajes, dando retuit a iFilosofia, mandando invitaciones al Candy Crush Saga, jugando al Triviados o lo que sea. No importa si están caminando, en clase, en el metro o cara a cara con algún amigo: siempre están con el «tiquitiqui», que dirían en la tercera edad. He de decir que quizás alguna vez me he comportado así, y no sabría muy bien decir por qué, pero me atrevería a decir que hay varios factores que lo propiciaron: esa sensación que te da cuando, si ves a alguien con el móvil, de ir al bolsillo del pantalón a por el tuyo; los, tanto queridos como odiados, grupos de WhatsApp, más que nada porque cuando llevo el teléfono en vibración me altera saber que me están hablando y no estoy contestando. Luego me decepciono cuando llego y veo montones de «jajajjaja xd», por supuesto; Madrid… Soy un provinciano y, quieras o no, me vas a tener andando por la calle mirando al cielo siempre y, claro, mi módulo de vergüencica debe de haber ideado la sagaz estratagema de que, si miro el móvil mientras ando, como casi todos los demás, nadie se percatará de mi calidad de infraser. En realidad por la calle lo he mirado contadas ocasiones, es en el metro donde sí que lo miro con mucha frecuencia.

No obstante, en lo que quiero centrarme es en el hecho de que las nuevas redes sociales y esa manía de tenerlo todo conectado se ha ido comiendo mi tiempo para otras cosas relacionadas a la tecnología (qué irónico), para mi vergüenza. Reconozco que a veces paso demasiado tiempo con el Twitter enchufado (de hecho, siempre que tengo el PC encendido lo tengo puesto). Al principio odiaba esa maldita red y de un día para otro, como aquel que dice, me empezó a gustar mucho, aunque no sé muy bien por qué. Ahora me está empezando a dar asquito de nuevo, y más fuerte que nunca. Todas las redes sociales me han causado cierto rechazo al principio, pero es un hecho que estoy registrado en montones de ellas… Tuenti, Facebook, DeviantArt, Mixi, Ameba, Raptr, etcétera. No obstante, nunca estuve cómodo con Tuenti. De hecho, diría que una de las peores cosas que hice en su momento fue hacerme una cuenta.


Lo que os decía: Snake se nos ha vendido. ¡Fascista!

Tuve la suerte y desgracia de tener teléfono móvil desde bastante joven, aunque nunca fue un objeto al que le tuviera especial apego; lo utilizaba para que mis padres me llamaran y poco más (de hecho, obviando el WhatsApp, el Twitter y el reproductor de música, básicamente la función del teléfono que hago no ha variado). Confieso que todo esto ha hecho que, de alguna forma, me haya olvidado de cómo era todo esto antes de Tuenti. Soy del noventa y cuatro, tampoco me pidáis que me remonte muy atrás…

Ahora, puedo estar jugando a un videojuego tranquilamente 4 horas, pero desde luego, raro sería que lo estuviera haciendo de forma ininterrumpida sin hablar con nadie por el chat del féisbuk o sin mirar el TimeLine… Me siento sucio, amigos, ¡sucio! ¡Esto antes no me pasaba! Vamos, seguramente tenga que ver con mis «manías comunicativas»; recuerdo que, cuando todo aquello del Metroflog, veía las famosas «acts» de mis compañeros de acné. Cosas que vosotros no creeríais, garrulos con filtros rosas en las fotos más allá de las 10 de la noche. He visto imágenes de hojas de marihuana acompañando canciones de Ska-P cerca de segundo de la ESO. Todos esos momentos, se perderán en el tiempo como los aros de una choni en su joyero… No obstante, a mí todas estas patuleas solían darme mucha envidia, la verdad. Ya sabéis, no ser un niño popular y todo eso, pero tampoco viene mucho al caso.

¿Cómo han conseguido, entonces, que yo, un buen «outsider» de la vida tenga que estar manifestándome en internet cada dos por tres mientras esté en casa? Es cierto que fuera de casa no tengo ningún problema en pasar olímpicamente del móvil, del Twitter o de lo que sea (aunque os haya dicho que alguna vez haya sucumbido, pero normalmente ha sido en el metro, todo sea dicho). ¿Me estaré volviendo un ser retrógrado? ¿Es la canela un mal menor o un manjar? ¿Por qué os hablo de esto como si os importara? ¿Por qué no nací cinco añitos antes?

Seguiré «investigando», chumachos. Por lo pronto habréis notado (los que seáis seguidores veteranos) que tuiteo muchísimo menos que antes, ¿verdad? ¿¡Verdad?! No deja de ser irónico que desde que salgo prácticamente todos los días, aunque sea a darme un paseo, es cuando más dentro de estas mierdas estoy. Igualmente, no me considero, PARA NADA, un tecnozombi, pero ni por asomo, vamos, cuando hablo con alguien, dudo mucho que esté más pendiente del teléfono, por ejemplificarlo con lo más común.

Saludines.

jueves, 24 de octubre de 2013

Percepción

Hoy es un día algo especial; para que la jornada de huelga sea más amena, tanto si salís a la calle como si no, os dejo este poema que escribí hará cosa de un mes. Así descanso un poco de las entradas de crítica o anécdotas, que ya toca.

Ayer me senté a contemplar la prematura alborada;
mientras el pájaro batía sus alas,
yo me fijaba en un huevo resquebrajado.
¡Devuélvanme mi tiempo!
Hoy me he arrepentido de una noche que aún no he visto brillar;
he roto el fin sin haber tenido tiempo de justificar el medio,
mas nunca cambia el origen, es estático;
no como esa estrella, que algún día dejó de brillar.
¿Qué hora es?
Mañana despertaré detrás de mi sombra
en un lecho de hojas mustias,
ocres enrarecidos por un reloj que no funciona.
Debí mezclar el presente con el pasado, 
no cambiar el color a ríos de burbujas.
Debí dibujar un futuro incierto,
no un rostro de esmeralda.
Me dijeron que no jugara con la comida,
pero nadie me enseñó a no jugar con el tiempo.

Espero que os guste y que paséis una buena tarde. Por si no habéis leído la entrada que más éxito ha tenido, a pesar de no tener comentarios, aquí podéis hacerlo.

martes, 22 de octubre de 2013

El ateísmo está de moda, compadres

Gracias a internet y a las redes sociales, desde hace un año para acá, más o menos, tengo la ¿horrible? sensación de que mucha más gente profesa su supuesto ateísmo de forma abierta, aunque en numerosas ocasiones sea solo por «fardar».

No os penséis que yo soy un devoto cristiano (o de cualquier religión), de hecho, me considero agnóstico. Lo que sí que es cierto que me causa cierto rechazo son las personas que se sientan orgullosas y, especialmente, superiores por el mero hecho de no creer en Dios. Aún más los que creen que solo están el cristianismo, el islam y el judaísmo (y tiro por lo alto). Está bien bromear con Dios, con Alá, con la Virgen o con lo que se quiera; los límites del humor son totalmente subjetivos, y cada uno se limita donde quiere, pero, como ya digo, creo que no es de recibo mirar a todos los creyentes por encima del hombro o al menos en los casos normales, claro, a los que sí que hay que escupir a la cara son a los panfletistas, a los que quieren imponerte su creencia a base de fuerza o que sienten «pena» porque tú no crees en la fe verdadera (esta varía según el creyente, pa’ que veáis). Como no creyente, a mí también me suenan ridículas ciertas manera de entender la fe, pero eso no quita que no entienda que para algunos suponga una gran base de principios y moralidad.

¡Anda, pero si es Concha Velasco!

Es más, las religiones son algo muy interesante, especialmente las que no son religiones en sí, sino que chocan con la filosofía de una manera mucho mayor, pero ese es otro tema. Es por ello que si estoy en una iglesia, intento guardar el respeto que proceda, acorde con la fe que allí se profesa, y lo mismo si estoy en un templo, en una mezquita, etcétera.

Me gustaría que la gente no se tomara el ateísmo como una moda y que se respete al credo ajeno (sin olvidar el humor), que es lo que veo mucho últimamente entre la muchachada de quince o dieciséis años.

domingo, 20 de octubre de 2013

POR FAVOR, CHICXS, HABLAD BIEN

Es el día perfecto para hablar, en clave de humor, de algo que me toca mucho las narices: el «lenguaje igualitario». Por supuesto, lo entrecomillo porque en la mayoría de los casos me parece una estupidez digna de Rappel (http://www.tarotrappel.es/). 

Ayer fue sábado, así que es posible que salieras de FARRA con los amigotes a beber como un pordiosero a ver si caía alguna chorba en tus fauces de chacal. Quizá notaste que ya no es tan fácil como antes gracias a un gran invento de centro comercial que se ha vendido mucho durante el último año: la Feminitrónix del Stick 2000. 

Ya sabes a qué me refiero; el otro día intentaste ser agradable y mandaste un correo electrónico a un grupo de amigos y amigas para ver qué tal andaban, pero lo empezaste con un TORPE «Hola a todos». ¡Por el amor de dios, se dice «todxs»! ¡El español nunca ha tenido un plural neutro, por lo que es obvio que si utilizas la letra o para construir un plural estás ayudando a que esta sociedad falocrática y machirula se consolide en pro de un heteropatriarcado opresor! 

Además, en ese correo comentabas lo gracioso que te había parecido el anuncio que ha sacado hace poco la RAE y aprovechaste que el niño que salía era pelirrojo para comentar lo poco que te gustan los vídeos de JPelirrojo. ¡¿Me estás diciendo que te parece gracioso que sea una mujer, ama de casa, la que riña a su hijo, un PELIRROJO, como si de una paleta se tratara, y todo ello porque encima se trata de una parodia de los anuncios de detergentes?! ¡Pero si todo el mundo sabe que la gran mayoría de casas cuentan con hombres a su cuidado, vamos, que eso del ama de casa se quedó en los años ochenta y que JPelirrojo crea un contenido alternativo, adulto y de calidad, así como unas canciones que quitan el hipo (bueno, esto último es cierto). 

Ya, como gota que colmó el vaso, para dirigirte a un amigo y amiga tuyos; ambos pilotos, no especificaste quién era piloto y quién era pilota. Me cago en la leche jodía, si es que eres un insensible, amigo lector, UN INSENSIBLE que no piensa en cambiar el género de algunas profesiones para el bien común mientras que otras, como policía o albañil, se la resbalan muy fuerte. No sé si conocerás qué es eso del esperpento, macho, pero deberías, porque lo tuyo no tiene ni nombre ni nombra. 

Si solo fueran ese correo o tus intentos sin éxito por llevarte a las zagalas a tu lecho, vale, pero que encima me vengas con que una vez quisiste pagarle la cena a tu ex-novia es ya para mear y no echar gota. Vamos, que te olvidaste de que ella era una mujer de color, fuerte e independiente (nacida en Carabanchel, eso sí) con solvencia suficiente para pagarse su menú Japi Míl y un refresco MEDIANO en el MaxDonnadl. Con todo esto, he oído que en otra ocasión fue al revés, que quisiste que ella te pagara el sustento porque no llevabas suelto. Un hombre grande, fuerte, caballeroso y resuelto como tú, pidiendo limosna a una pobre dama en apuros que probablemente necesitaría las vueltas para comprar un espray de pimienta… ¡Qué desfachatez! 

Pues sí, amigos, espero que me hayáis captado; estoy más que harto de las personas que van de igualitarias y de feministas, pero solo a medias y con lo que les interesa. Y más harto aún de la gente que se escuda bajo esta famosa frase: «el lenguaje es un reflejo de la sociedad, por eso hay que cambiar el lenguaje». Mire, no. Eso que estas personas se esfuerzan por hacer, esa censura absurda, tendría algo de lógica si la sociedad fuera un reflejo del lenguaje, pero como veis, eso es absurdo. Y ojo, que no me he metido con toda esa PEÑUQUI que no entiende que, entre amigos, hay ciertos insultos que hacen de apelativos cariñosos. ¿Es verdad o no es verdad, pedazo de mariconas? 

A ver si esta entrada genera algo de debate en los comentarios, que esto está todavía muy muerto y parece que la única entrada con éxito fue en la que comentaba que el acento no tiene por qué ser sinónimo de ser gracioso.

viernes, 18 de octubre de 2013

Lisa necesita un esperpento: La chabacanería artística de un reducido grupo de murcianos

Hoy os traigo, una vez más, algo asociado a las lenguas. Si estáis un poco metidos en el mundillo (como quien dice) es posible que hayáis oído hablar acerca de unos bribones una asociación cultural que promueve el habla, el estudio y la investigación del IDIOMA murciano. Por si no lo habéis notado ya, estoy totalmente en contra de esta aberración al ciento por ciento, pero vamos poco a poco, que todavía habrá tiempo de lanzar las insidias que correspondan. Sabed que todo lo que os cuento aquí es un arreglo que he hecho sobre una parte de un trabajo que hice el año pasado en la universidad.

El murciano no está reconocido como lengua y no se habla como tal en ningún lugar, tratándose únicamente de una variante dialectal del castellano. No obstante, hay una plataforma bastante activa que aboga por su reconocimiento como idioma diferente del castellano (L'Ajuntaera), con la que se ve proporcionado un sinfín de material relacionado a él. Voy a comentar de manera breve por qué consideramos que no existe el susodicho idioma, además de mostrar parte de ese material en castellano, ya que en la web donde está toda la información (http://www.llenguamaere.com/), se encuentra escrito en «murciano» podría causar problemas a la hora de entender todo el vocabulario.

Como bien señaló Santiago Delgado hace algunos años en un artículo publicado en el diario «La Verdad»
«Lo mejor para Murcia y para los murcianos es dejar de hacer el ridículo, pretendiendo poseer una lengua propia… Quien piense diferente, siga escribiendo, si es su gusto, con criterios fonéticos sui géneris, los neologismos inventados el mes anterior, por similitud a los pocos vocablos existentes y que sí son registrables como propios murcianismos: pero que no involucre el nombre de Murcia en eso […].» 
Es un hecho que nadie en toda la Región de Murcia habla de la peculiar manera que esta asociación promueve por medio de un terrible esperpento basado en el dialecto murciano, también conocido como panocho. Escribir las palabras tal cual las pronuncia un hablante de esta variante dialectal, incluyendo todos los términos antiguos o los que se usan en áreas muy concretas del sudeste español en todas las frases solo crea una sensación de exageración innecesaria y con pinceladas de ridícula comicidad que no debería causar más que vergüenza a cualquier murciano. A propósito del sentimiento de vergüenza, este grupo está muy ligado a recientes movimientos nacionalistas, considerados por muchos como los hermanos menores de los nacionalistas catalanes, si bien no han conseguido un eco demasiado fuerte, llegan hasta el punto de consagrar al catalán como la tercera lengua oficial de la Región de Murcia, un lugar donde, a pesar de haber influencia del catalán en algunas palabras, no hay más hablantes de catalán como los que puede haber en Sevilla o León (con la pequeña y puntual excepción del municipio de El Carche).


El Súper Perrete no aprueba que te creas to' lo que te dicen los chafarderos esos.

No se trata más que de una «estrategia» por parte de un pequeño grupo de nacionalistas murcianos (me da la risa al escribir eso, camaradas) que quieren hinchar la cultura de la región al mismo tiempo que fomentan cierta división y sentimiento de superioridad, como si los murcianos fuéramos, ya no españoles, sino mejores que el resto de habitantes de la península, algo bochornoso y propio de «putipatriotistas peseteros».

No existe una lengua murciana. En Murcia se habla el castellano y, obviamente, se profesan una serie de rasgos particulares y las variedades habladas, según las zonas geográficas y los registros sociales, son esencialmente un castellano que mantiene rasgos fonéticos, morfológicos, sintácticos o léxicos, así del castellano antiguo como del resto de los idiomas que se concibieron en la Península Ibérica. Entender por murciano las variedades escritas que algunos quieren imponer a los demás, a modo de «sello de autenticidad» no es más que un error.

La supuesta «llengua murciana» no puede ser considerada como otra cosa más que una falacia que no tiene ninguna base lingüística. Muchos de sus defensores se apoyan en determinadas obras literarias, sin embargo, estas son de tipo costumbrista en panocho, que de manera intencionada o no, es una mímica del habla de la huerta murciana. No obstante, la mayoría de autores exageraron dicha habla, que tenía por objetivo imitar esa particular manera de pronunciar las palabras, hasta el punto de convertirla en una burda parodia carente de sensibilidad.

Por tanto, determino (y no solo yo) que esta «llengua» tiene su origen en estereotipos sociolíngüísticos engendrados por los panochistas del siglo XIX (si es que me cago en la mar, «panochistas». Como para que no se rían de nosotros). Esa farsa se sigue continuando, como ya he comentado varias veces, por un colectivo no muy amplio de personas. Concluyo con una cita de Juan Antonio Sempere para un artículo periodístico en el año 1992:
«Debemos rechazar el concepto populachero de un lenguaje fingido y artificial que nadie habla ni ha hablado jamás en Murcia.»
En conclusión, hay que tener en cuenta que, si se siguiera este modelo de «fabricación», con exagerar hasta el infinito cualquier variante dialectal del castellano (o cualquier otro idioma) y transcribirlo al papel tal y como suena, cada persona tendría su propio idioma.

jueves, 17 de octubre de 2013

Japonismo: La fascinación por el arte japonés


El pasado día 16 de octubre asistí a la charla inaugural de la exposición titulada «la fascinación por el japonismo» que ya está abierta al público en CaixaForum Madrid (creo que ya ha pasado por el que hay en Barcelona, pero no estoy seguro). El acto fue presidido por Ricard Bru i Turull, Doctor en Historia del Arte (Universidad de Barcelona). Máster de Estudios Asiáticos. Postgrado de Lengua, Cultura y Negocios Japoneses (Senshû University, Tokio). Ha sido profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona. Actualmente trabaja como historiador del arte para el Institut de Cultura de Barcelona. Además, es miembro de la Sociedad para el Estudio del Japonismo (Tokio), del Shunga Project liderado por el Museo Británico (Londres) y del Grupo de investigación GRACMON (Universidad de Barcelona).*



Yo no había oído hablar nunca de este señor, pero sin duda la charla fue amena, instructiva e interesante. En ella se trataron temas enormemente interesantes; entre ellos destaco la visión que los japoneses tenían de los occidentales (concretamente de los portugueses y españoles) en el momento en que entran en contacto, allá por el siglo XVI ya fuera mediante cartas, estampas, grabados, etc., y la enorme influencia que supuso el arte japonés para el occidental en una segunda etapa de contacto que empezó a cobrar fuerza en el siglo XIX. 

No obstante, lo impresionante de todo esto es la gran cantidad de piezas únicas y de gran trascendencia que se han reunido para la exposición. Podréis encontrar trabajos de artistas de renombre como son Picasso, Toulouse-Lautrec, Manet o incluso de Joan Miró, entre otros. Personalmente, creo que a todo el mundo le agradará ver en vivo «La gran ola de Kanagawa», de Katsuhika Hokusai; probablemente la estampa japonesa más famosa y conocida en el mundo entero. 



También hay una serie de cuadros de una calidad enorme y que cautivarán a cualquier visitante, donde me impresionaron mucho las obras de Fortuny, pintor que desconocía hasta entonces.

Es una pena que no consiguiera hacer más fotos (o estas de mejor calidad), pero ya sabéis cómo son para estas cosas en los museos, que ni sin flash, a veces. De todas formas, estoy convencido de que volveré allí para verlo todo con más tranquilidad, aunque no lo vaya a hacer gratis como pude hacerlo durante el evento.

Un saludo y hasta pronto.



* Información extraída de su blog, http://ricardb.wordpress.com/

martes, 15 de octubre de 2013

El acento como sinónimo de humor. Oiga, yo creo que no.

Os vengo a hablar sobre algo que me ha venido incordiando desde hace ya algún tiempo: el TEMITA del acento asociado a la risa. Mi acento es murciano y estudio en Madrid, por lo que he podido apreciar ciertos aspectos bastante importantes para el tema que nos ocupa. Voy a evitar en la medida de lo posible la palabra «dialecto» porque alrededor del habla característica de Murcia, parece que cuesta un poco discernir entre dialecto y acento, principalmente por la cantidad de contenido contradictorio y erróneo que hay por ahí circulando, que hace dudar hasta a los de Churra (aunque yo soy plenamente consciente de que hay un punto en el que es claramente un dialecto, pero ya digo que no me meteré en eso). Que si el panocho no es lo mismo que dialecto murciano, que si hay otra cosa distinta del dialecto que es una lengua en sí, que si los murcianos son personas…, así que los voy a utilizar de forma indistinta para redactar esta entrada salvo que quiera hacer algún apunte (que no creo que sea el caso).

Mi manera de hablar se aleja un poco de lo que podríamos llamar español estándar, y es que en Murcia y alrededores pronunciar la ese es un delito. Además, la condena consiste en ver vídeos BIZARROS sobre BIZARRADAS de Thous Carapollen, así que no es como para tomárselo a broma, damas y damos. También son comunes, como en cualquier lugar, equis expresiones, aunque las de Murcia tienden a llamar la atención debido a que son muy peculiares y, sobre todo, malsonantes ante los oídos de otros provincianos. Os pongo como ejemplos «tonto’l pijo», «acho» e «ir a pijo sacao». Si queréis saber qué significan os aguantáis, que creo que se entienden bastante bien y, si no, ahí tenéis el Google.

Al venir a Madrid, noté, como era obvio, que todo el mundo hablaba «finústicamente», que diría mi abuela; cada dos palabras adornaban su perfecta oratoria con un «mazo», todo el mundo alegaba no tener acento de ningún tipo, muchos insistían en que el laísmo es correcto en Madrid y está claro se entrenan para echar lapos pronunciando la jota, entre otras cosas. Por no hablar de que casi nadie sabía qué demonios era Murcia, algo comprensible de lo que podéis encontrar información aquí

Pero no estoy aquí para contaros lo mal que se habla en Murcia o en Madrid, que ambas tienen su cosica. No, estoy aquí para decirors que, en general, asociar un acento u otro al humor es una estupidez que puede llegar a ser tediosa.

Es la primera vez que oyes hablar a un sevillano, a un barcelonés o a un coruñés y te hacen gracia el deje o las expresiones. Vale, bien, pero de ahí a alcanzar máximas como la de que todos los andaluces son graciosos hay un trecho, porque vamos, si resulta que la forma en la que pronuncian las palabras ocho millones y medio de andaluces ha de ser gracioso sí o sí, pues mire usted: NO.
 ¿¡O es que veis a los de Cádiz partirse la caja los unos de los otros?! Bueno, eso sí, ¡pero no por cómo hablan! En un caso como este, me atrevo a decir que los paletos son el resto de «provincianos» (o los de la capital) y no los «detractores de la ese». Su risa no premia al ingenio, ni a la manera de contar algo, sino que responde ante lo que se entiende como una manera cateta de hablar, de hablar mal.

Con esto no quiero decir que en ciertos lugares no se oigan ciertas burradas que provocan risa y pena al mismo tiempo, además de que acentos como el murciano están asociados a este tipo de comportamiento, es decir, de hablar mal, de ser un cateto y demás, es incluso conveniente «guardar» en la medida de lo posible esta manera propia de hablar cuando no estés en una atmósfera académica porque, guste o no, no es un acento bonito, no transmite una imagen de seriedad y hay que saber adaptarse a ello.

Eso sí, no soy partidario de que el acento se pierda; para mí es como una herencia que se debe mantener, aunque sea en el habla coloquial, pero tampoco hay que olvidar de que a la forma en la que se usa la lengua le siguen una serie de aspectos socioculturales que pueden beneficiarnos o perjudicarnos, de hecho, soy consciente de que ahora mismo podría tener lectores andaluces recién llegados de su siesta de 16 horitas; ¿me captáis o qué? Así que, si solo te dicen que eres gracioso a más de 100 kilómetros de tu área de operaciones habitual, DESCONFÍA.

En mi caso, mucha gente me dice que soy gracioso, tal y cual. No me molesta que se rían si pronuncio de esta o aquella manera, sobre todo porque suelen reír conmigo y no de mí y normalmente es porque explico ciertas expresiones rebuscadas (con el objetivo de que el chascarrillo brote, vamos). Lo que sí me molesta es que alguien intente quitar veracidad a lo que digo por el mero hecho de que, precisamente, lo pronuncio de esta o aquella manera.

Por cierto, si quieren echarse unas risas, os recomiendo que busquéis vídeos o artículos publicados en nombre de «llenguamaere»; no tiene desperdicio.


Hasta la próxima, y ¡a ver si me vais comentando, que me voy a desmotivar muy pronto!

lunes, 14 de octubre de 2013

Ay, el bachiller...

Hoy vengo a hablaros sobre el bachillerato. El bachillerato que yo viví, por si algún listillo cree que voy a ponerme a comentar por aquí sobre la LOGSE o cualquier rollo macabeo del estilo.
La mayoría de estudiantes que opta por estudiar el bachiller tiene que elegir entre dos ramas, digamos, mayoritarias: Ciencias o Letras. Yo tuve la suerte de tener a mi disposición un abanico (ja, ja, abanico, menudo maricón) de elección un poco más amplio y me decanté por cursar el bachillerato de Ares Plásticas. Casi todo el mundo «sitúa» a los estudiantes de esta rama en lo más bajo en cuanto a la capacidad intelectual de sus estudiantes. Bueno, realmente, es una rama que la gran mayoría de personas desprecia bastante; ¡hasta los de Humanidades! ¡Esos que estudian Cultura Clásica!

Es cierto que el alumno medio de artes no es precisamente una lumbrera, ni un Pissarro. Qué digo, si Pissarro era un mamarracho, mejor un Klimt, que era mu’ bonico. Digamos que el alumno medio tira más por un estilo de «rapero» que se pasa las clases haciendo «piezas» con sus rotuladores permanentes o por alguien con delirios de grandeza que une dos líneas con un lápiz y ya quiere que le expongan en el MoMA. No obstante, hay una gran diferencia que yo agradecí y sigo agradeciendo. No hay envidia irracional ni competitividad malsana. Cuando a alguien en clase le gustaba tu trabajo, te lo decía y te aconsejaba sobre cómo mejorarlo. Y eso mismo podía hacer yo con total libertad con el resto. Era un ambiente relajado, sin tensiones, donde todo el mundo estaba haciendo algo que medianamente le gustaba y eso se nota. Al mismo tiempo, veía a mis compañeros de ciencias darse cabezazos contra la pared porque la competitividad era casi enfermiza y, en general, ninguna asignatura les motivaba demasiado, las veían como una carga y un problema que resolver para poder acceder a la universidad. Por no hablar de los aires de superioridad que se daban por ser de ciencias, vamos, que por lo visto cualquiera que se ponga con un dibujo lo hace «prefesto». Que se lo digan al bueno de Adolf. Aunque, lo cierto es que prefería a los de ciencias antes que a los de letras y sociales. Estos últimos rara vez tenían un objetivo o plan de futuro que fuese más allá del botellón del sábado, que también están bien, ¿eh? (o de ver «Glee», que ya se sabe que los de letras tienen lo del aceite roto, que lo leí una vez en una página de Tuenti).



Pissarro veía «Glee», anda que no se le notaba.

Ahora bien, pasa algo con esta rama que me mosquea mucho y que es parecido a lo que sucede con la carrera de Magisterio: mucha gente oye que es lo más fácil y con una mínima simpatía que CREEN profesar hacia alguna de sus asignaturas (luego siempre se quejan de que los modelos son un pelmazo y demás majaderías, con lo que mola dibujar CULOS), se enrolan al tema sin pensarlo mucho (tampoco es que puedan hacerlo aunque quieran) y eso hace que el nivel general decaiga y las asignaturas que no son propias, vamos, Lengua Castellana y Literatura, Filosofía, Educación Física, Ciencias para el Mundo Contemporáneo etc., tengan un desarrollo mucho más tedioso y pesado. Especialmente las dos primeras que he mentado por lo que viene a ser la ortografía y lo abstracto (y ni con Descartes, oiga).

En cualquier caso, yo me encontraba a gusto, haciendo algo que me gustaba y sin pensar demasiado en qué haría cuando acabaran esos dos años. De hecho, rara vez me encontré así durante la enseñanza secundaria, que fue casi un calvario. Ahora estudio lenguas, algo que entraba más o menos dentro de mis perspectivas, pero que, desde luego, se aleja bastante de lo que vienen a ser las Bellas Artes. También es cierto que fue un período de cambio, empecé a interesarme por la cultura japonesa más afondo, tenía otro blog (mucho más de subnormal quinceañero de lo que os podáis imaginar), comencé mis andanzas en la Escuela Oficial de Idiomas, algo que me supuso una gran ayuda y mejora para mi inglés, además de que me lo pasaba muy bien allí y todo me iba sobre ruedas, la verdad. Tenía mis cosicas, como todos, pero vamos, que no me podía quejar.
Aunque al principio no estaba muy seguro de si me elección había sido la correcta, pero a día de hoy puedo decir con orgullo que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Mi paso por la ESO no fue muy agradable, como ya os he dicho: el ambiente no era el apropiado para el estudio, los compañeros eran mayormente garrulillos de poca monta (como si los hubiera de otro tipo) y yo no estaba muy a gusto en el instituto, por no hablar de que en 4º de la ESO yo era un estudiante muy mediocre, aunque eso tenía que ver con el hecho de que estaba en ciencias y eso no era lo mío, pero eso es otro tema que ahora no viene mucho al caso.

En fin, que animo a todo el mundo que sienta interés en el mundo del arte a que se decante por esta modalidad de bachiller porque, al menos a mí, me hizo sentir realizado, por no hablar de que los métodos son muy diferentes de los que se ven en las demás ramas. Aprenderás cosas verdaderamente útiles en ese campo y mejorarás mucho como persona, porque el arte, quieras o no, te puede llegar a tocar bastante. Esos dos años no deberían gastarse estudiando cosas que no te gustan si tienes la opción de no hacerlo; esto lo digo porque mucha gente tira por ciencias, por el simple hecho de que tiene más salidas, cuando en verdad tiene un más porque hay mayor cantidad de ingenierías que requieren de materias específicas para poder acceder a dichos estudios, vamos, que si crees que las ingenierías son lo tuyo, pero no te decantas por una, pues sí, pero si quieres hacer Historia, Filosofía, Biblioteconomía, o lo que sea, lo mismo da y habrás sufrido muchísimo con las matemáticas, la física y demás MALVADOS ENEMIGOS.

Por cierto, estoy abriéndome a un público muy amplio, así que, para los posibles lectores de primaria que pueda tener (ojito, que nunca se sabe), el bachillerato son los dos años que van después de la ESO y son el pasaporte hacia las enseñanzas superiores. ¿Entendéis, niños? Para intentar labrarse un futuro, aunque como ya os habrán dicho vuestros papxs y vuestras mamxs, no tenéis mucho futuro. Je, je, ¿a que es gracioso?

Nota para la gente aviesa que me pueda leer: he generalizado y recurrido a ciertos tópicos, obviamente no todo el mundo es así, pero por si acaso, quería matizarlo de nuevo.